El panorama de la salud materno-infantil en la República Dominicana presenta indicadores críticos durante el presente año. De acuerdo con el más reciente informe emitido por la Dirección General de Epidemiología, correspondiente a la semana epidemiológica 32, las muertes maternas e infantiles mantienen una tendencia preocupante a lo largo de 2026, evidenciando que el sistema de salud nacional aún enfrenta desafíos estructurales significativos para garantizar la supervivencia de las madres y los recién nacidos.
El boletín epidemiológico, al cual se tuvo acceso a través de Infobae, detalla que hasta la fecha se han contabilizado 84 muertes maternas y un total de 1,131 muertes infantiles. Estas cifras no solo representan una estadística alarmante, sino que ponen de relieve la persistencia de fallas en la infraestructura y en la prestación de servicios sanitarios básicos y especializados en diversas regiones del país.
En cuanto a la mortalidad materna, el análisis del Boletín Epidemiológico SE 32 identifica a la hemorragia posparto como la causa más frecuente de fallecimiento. Este diagnóstico predomina en un porcentaje considerable de los casos reportados, situándose por encima de otros factores críticos como los trastornos hipertensivos del embarazo y las causas obstétricas indirectas. La información oficial subraya que estos eventos afectan con mayor severidad a las mujeres jóvenes, así como a aquellas personas que carecen de un acceso oportuno y eficiente a servicios hospitalarios de alta complejidad, lo que sugiere una brecha en la equidad de la atención médica.
Por otro lado, la mortalidad infantil muestra un patrón específico, concentrándose la mayoría de los fallecimientos durante el periodo neonatal temprano. El informe señala que los factores determinantes en estas pérdidas incluyen la prematuridad, diversas infecciones y complicaciones respiratorias. Un punto crítico resaltado en las estadísticas es el comportamiento desigual entre las provincias; se han observado incrementos notables en demarcaciones donde las condiciones socioeconómicas son más precarias y el acceso a la atención médica especializada presenta mayores dificultades.
Ante esta situación, la vigilancia epidemiológica ha detectado que algunas provincias experimentan un aumento considerable en sus indicadores de mortalidad. Como respuesta, las direcciones provinciales de salud con mayor incidencia han implementado alertas sanitarias y han reforzado la búsqueda activa de casos. El objetivo de estas medidas es identificar con precisión los factores de riesgo prevalentes en cada zona para fortalecer la capacidad de respuesta institucional.
La Dirección General de Epidemiología ha destacado que la notificación oportuna de estos eventos es fundamental para que las autoridades puedan actuar con rapidez. En este sentido, el reporte indica que la cobertura nacional de los establecimientos notificantes alcanzó un 93% durante la semana analizada. Este nivel de vigilancia se considera una herramienta clave no solo para detectar y responder a brotes, sino también para diseñar estrategias de intervención focalizadas en las zonas más vulnerables del territorio nacional.
Para mitigar estos índices, las autoridades sanitarias han puesto en marcha un plan de refuerzo que incluye la capacitación del personal médico y la dotación de insumos esenciales en los hospitales materno-infantiles que manejan un alto volumen de pacientes. Se han priorizado acciones específicas para mejorar la atención ante emergencias obstétricas y se busca optimizar la disponibilidad de sangre segura en los centros de referencia, un insumo crítico para combatir las hemorragias posparto.
Al analizar la serie histórica, el documento revela que la cantidad de muertes maternas notificadas en 2026 se aproxima a la cifra reportada en el mismo periodo de 2025. Si bien las autoridades sugieren que la vigilancia activa y la mejora en los sistemas de información han permitido una mayor detección y registro de los casos, advierten que es imperativo reducir los factores estructurales que perpetúan el riesgo de muerte.
Respecto a la mortalidad infantil, la tendencia muestra fluctuaciones mensuales que se asocian tanto a cambios estacionales como a la aparición de brotes de infecciones respiratorias y otras enfermedades transmisibles. Por ello, el boletín enfatiza que el monitoreo constante de los determinantes sociales y sanitarios es fundamental para orientar las políticas públicas de salud.
Finalmente, la Dirección General de Epidemiología recomienda fortalecer la educación comunitaria para que las familias reconozcan las señales de alarma durante el embarazo y en la infancia temprana. Asimismo, aboga por una mejor articulación entre los niveles de atención, facilitando el traslado eficiente de pacientes y asegurando la provisión constante de insumos críticos para el manejo de emergencias neonatales y obstétricas.




