A un mes de haber finalizado la cita mundialista en Qatar, el sentimiento en Argentina es contradictorio. Por un lado, persiste el recuerdo de una final emotiva que consagró a Lionel Messi y movilizó a cinco millones de personas en las calles. Por otro, el torneo ha quedado marcado en la memoria popular por las remontadas espectaculares y el despliegue de la bandera soberana, pero también por una serie de controversias que se niegan a desaparecer.
La estabilidad de este logro se ha visto empañada por teorías conspirativas que continúan circulando. Entre ellas destaca una insólita publicación de un video generado con inteligencia artificial en el que se observa a Gianni Infantino, acompañado por Chiqui Tapia, extorsionando a la selección antes del encuentro final. El video incluye amenazas de violación y sugiere que el equipo fue obligado a perder la final para evitar que el presidente de la AFA fuera enviado a prisión. En este clima de sospecha, ni siquiera la sentida carta pública de Messi dirigida a su padre fallecido, en la cual expresa que no hubo piernas suficientes para retener la Copa, ha logrado silenciar a quienes insisten en que se trató de una "final entregada".
La situación se agrava fuera de las fronteras nacionales. Las sanciones masivas impuestas por la FIFA debido a los incidentes ocurridos en la final han reavivado crónicas despiadadas en la prensa internacional. Los adjetivos han sido severos, calificando a los protagonistas como "feos, sucios y malos", "racistas", "salvajes" y "animales", lo que ha derivado en que los jugadores sean silbados en Europa.
El caso de Julián Alvarez es uno de los más notables, aunque presenta un matiz distinto. El jugador, reconocido por su bajo perfil, compromiso colectivo y jerarquía, se encuentra actualmente en medio de una tormenta profesional. Alvarez ha invocado un supuesto compromiso verbal para forzar su salida del Atlético de Madrid, club que ha respondido apelando a un contrato descrito como una "jaula dorada". Esta situación ha generado el enfado de hinchas que ven con malos ojos la confrontación del jugador contra su club.
Otros futbolistas también atraviesan momentos complejos. Alexis Mac Allister parece enfrentar una posible pérdida de su titularidad en el Liverpool. Por su parte, el Dibu Martínez y el Aston Villa estarían de acuerdo en su partida, aunque el proceso se ha complicado debido a la dificultad de encontrar un comprador. Enzo Fernández, jugador del Chelsea, fue silbado el pasado lunes por hinchas del Fulham. Este rechazo es una respuesta a su gol y al gesto de "Topo Gigio" realizado ante Inglaterra, acompañado de la bandera de Malvinas, un reclamo soberano que fue sancionado por la FIFA y calificado de "antipático" en un contexto de discursos más dóciles.
A pesar de la intensidad y el espectáculo de la media hora final contra Inglaterra, estas hazañas han sido borradas por crónicas que sugieren que la selección llegó a la final gracias a la protección de la FIFA. El análisis se centra en la final contra España, donde el esquema táctico empleado provocó que el equipo casi no pisara el área rival durante 120 minutos. Aunque esta estrategia permitió mantenerse vivos hasta la definición por penales, quedando a un paso de un bicampeonato histórico, la renuncia al juego resultó un precio costoso para la imagen de una selección que durante ocho años se había caracterizado por su compromiso. A esto se suma una gresca final que, independientemente de los atenuantes, generó vergüenza.
En el ámbito digital, la hostilidad es mayor. Existen reclamos masivos en foros que exigen la expulsión definitiva de Argentina de los Mundiales y acusaciones que señalan al país como el "más racista del mundo". Estas críticas coinciden con un contexto político complejo, marcado por un presidente que insulta al mundo y la votación de marzo pasado en la ONU, donde Argentina, junto a Estados Unidos e Israel, se opuso a declarar la esclavitud como el crimen de lesa humanidad más grave de la historia.
Sin embargo, el texto plantea que estas generalizaciones son hipócritas. Se menciona que Alemania no es catalogada globalmente como un país racista a pesar de que en Berlín se canceló una fiesta para niños negros debido a amenazas de la ultraderecha. Asimismo, en Londres, el suicidio del profesor Jason Arday tras la filtración de mentiras en su currículum fue expuesto como un tema nacional principalmente por su condición de persona negra.
Finalmente, queda en evidencia que los "códigos" internos argentinos, que oscilan entre la burla y la crueldad, ya no son compatibles con el escenario global. Esta desconexión permite que la FIFA, bajo la gestión de Gianni Infantino, sancione a la selección invocando la ética y la disciplina, mientras el país se debate entre la victimización frente al mundo y la necesidad de un debate interno sobre su propia complejidad.





