Con una trayectoria que supera las tres décadas en la pantalla chilena, el periodista y conductor Juan Carlos ‘Pollo’ Valdivia ha sido un observador directo de las mutaciones de la industria audiovisual. A través de la creación y animación de programas que marcaron época, como ‘Sábado por la noche’, el antimatinal ‘Pollo en Conserva’ y ‘Así somos’, Valdivia sostiene que muchos de los formatos que hoy dominan el streaming, como los podcasts y vodcasts, fueron anticipados por sus propias propuestas hace ya casi 30 años.
En una profunda reflexión sobre el estado actual de los medios, Valdivia destaca que ‘Sábado por la noche’, lanzado hacia 1999, ya implementaba la dinámica de una mesa redonda y conversación fluida, similar a lo que hoy se consume en las plataformas digitales. Para el periodista, este fenómeno es parte de una democratización del acceso a los medios impulsada por la tecnología. Según Valdivia, hoy cualquier persona con un teléfono celular posee la capacidad de generar su propio contenido y medio de comunicación, transformando las redes sociales —antes destinadas a grupos de interés o amistades— en mecanismos de comunicación masivos y sumamente influyentes, citando como ejemplo la adquisición de Twitter y su transformación en X por parte de Elon Musk.
Respecto al debate sobre la crisis de la televisión chilena, Valdivia propone resignificar el concepto. A su juicio, la televisión como medio no está desapareciendo, sino que se ha expandido. Define la televisión literalmente como "visión a distancia", argumentando que hoy se consume más contenido audiovisual que antes, aunque el dispositivo haya cambiado del televisor tradicional al teléfono móvil o el computador. Un ejemplo de esto son las teleseries verticales, que han logrado un éxito masivo al adaptarse al consumo en celulares.
Sin embargo, el periodista advierte sobre un riesgo crítico en este nuevo escenario: la ausencia de control editorial. Valdivia aclara que no se refiere a la censura, sino a la responsabilidad de filtrar la información para combatir la desinformación. Señala que la proliferación de fake news y teorías conspirativas se ha masificado porque las personas tienden a creer aquello que se acomoda a su propia mirada del mundo, independientemente de si la información es cierta o inverosímil. En este contexto, plantea que la televisión abierta aún tiene un rol fundamental como filtro de credibilidad frente al bombardeo de información no seleccionada.
Sobre la gestión de la industria, Valdivia coincide en que existe una falta de innovación, más que de riesgo. Critica la tendencia de los ejecutivos de televisión a depender de franquicias y formatos extranjeros, especialmente de la televisión argentina, en lugar de apostar por el talento local. Argumenta que se pagan derechos costosos por modelos probados en el exterior que no siempre resultan exitosos en Chile, mencionando que formatos como los concursos de talento ya se habían realizado localmente en el pasado, como en el caso de ‘¿Cuánto Vale el Show?’.
El conductor también analiza la fragmentación de la audiencia en lo que denomina "tribus" o comunidades. Explica que existen figuras sumamente famosas en nichos específicos, como el caso de Luis Slimming, cuya audiencia no consume televisión abierta, lo que dificulta la migración de público desde las plataformas digitales hacia los canales tradicionales. Para Valdivia, el éxito ya no es necesariamente sinónimo de sintonía masiva, sino de identificación con una comunidad específica.
A pesar de los desafíos económicos y la competencia feroz por los auspiciadores, Valdivia afirma que la televisión sigue siendo el medio más confiable y mantiene una función social de compañía. Relata que, en zonas rurales como el sur de Chile y Chiloé, la televisión sigue siendo el núcleo del hogar, acompañando a las familias y a quienes realizan labores domésticas a través de los matinales, los cuales han desplazado a los programas estelares como los principales generadores de rostros influyentes.
Finalmente, el periodista expresa su deseo de que la industria retome la producción de teleseries nacionales, pero adaptadas a los tiempos actuales. Destaca el ejemplo de Claudia Conserva en una teleserie vertical de capítulos cortos, la cual ha alcanzado millones de reproducciones, evidenciando que la televisión debe reinventarse para ajustarse a los bajos niveles de concentración del público contemporáneo.





