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Alergia al deporte: El riesgo invisible que puede convertir el ejercicio en una emergencia médica

L’Équipe retrató a deportistas cuyo cuerpo reacciona al esfuerzo físico como si fuera una amenaza. Investigaciones especializadas respaldan el fenómeno y explican los mecanismos detrás de urticaria, broncoconstricción y anafilaxia inducidas por el ejercicio

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Alergia al deporte: El riesgo invisible que puede convertir el ejercicio en una emergencia médica

Lo que comenzó como una rutina matutina de running terminó en una visita de urgencia al hospital. Sophie Sanjuan, una corredora de trail running de 41 años, experimentó una reacción alarmante: sus manos se hincharon, sintió un ardor intenso en los oídos y comenzó a presentar dificultades respiratorias. A pesar de no haber sufrido ningún accidente físico, su organismo reaccionó al esfuerzo como si estuviera ante una amenaza grave. Tras dos episodios similares, el diagnóstico fue claro: una alergia a las proteínas de transferencia de lípidos (LTP), la cual se activaba exclusivamente durante la práctica deportiva.

Según reporta L’Équipe, este fenómeno, conocido coloquialmente como “alergia al deporte”, engloba diversas patologías documentadas que afectan tanto a deportistas recreativos como a profesionales. Los especialistas en Francia distinguen principalmente entre dos cuadros: la urticaria inducida por el ejercicio y la anafilaxia inducida por el ejercicio. Mientras que la primera es relativamente frecuente y manejable, la segunda es una afección poco común pero potencialmente mortal.

Tcheky Tauveron, médico regional de la Federación Francesa de Ciclismo para Isla de Francia, subraya la complejidad de estas reacciones. El mecanismo no es directo ni simple. La doctora Julie Herry, alergóloga de la clínica Médipôle Garonne de Toulouse y especialista en el caso de Sanjuan, explicó que para que se produzca la reacción es imprescindible la combinación de dos factores: la exposición a las proteínas LTP y el esfuerzo físico. Sin esta concurrencia de factores, el paciente no presenta ningún síntoma.

Desde el punto de vista biológico, el ejercicio físico eleva la temperatura corporal y altera el flujo sanguíneo. En personas predispuestas, estos cambios parecen amplificar la respuesta inmunitaria, provocando la degranulación de los mastocitos y la consiguiente liberación de histamina. Este esquema de cofactores está ampliamente documentado en la literatura médica. Estudios de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos (NIH) indican que la anafilaxia inducida por el ejercicio fue descrita inicialmente en la década de los 70, con una prevalencia estimada entre el 0,05% y el 2% de la población y una tasa de mortalidad de entre el 1% y el 2% en los casos más severos.

Además del esfuerzo físico, existen otros cofactores que pueden desencadenar estas crisis, como la ingesta de ciertos alimentos (apio, mariscos o trigo), el consumo de antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y la exposición a condiciones ambientales extremas.

En el espectro menos grave se encuentra la urticaria inducida por el ejercicio. Marine Coudon, excapitana del Olympique de Marsella y actual centrocampista del Albi en la Tercera División francesa, convive con esta condición desde hace tres años. Coudon, quien ha sido seleccionada por Mali para la Copa Africana de Naciones de 2026, sufre erupciones cutáneas que se extienden desde los pies hasta el cuero cabelludo. Aunque estas reacciones la obligan ocasionalmente a ausentar entrenamientos, no han impedido que continúe compitiendo al más alto nivel.

Por otro lado, existe la broncoconstricción inducida por el ejercicio (BIE), comúnmente llamada “asma inducida por el ejercicio”. A diferencia de la anafilaxia, en la BIE el ejercicio tiene un papel directo, especialmente en entornos fríos, secos o contaminados. Las estadísticas muestran una alta prevalencia en deportes específicos: Tauveron señala que un estudio del año 2000 estimó que el 60% de los esquiadores de fondo y entre el 50% y el 60% de los ciclistas presentan BIE, cifras muy superiores al 5% y 20% de la población general. Asimismo, investigaciones de ERS Publications revelaron que el 83% de los nadadores y esquiadores de élite presentan síntomas respiratorios durante el ejercicio, debido a factores como el cloro en piscinas o el aire gélido en el esquí.

El diagnóstico de estas patologías representa un desafío médico. Los protocolos del NIH y de la Asociación Americana de Médicos de Familia (AAFP) sugieren pruebas cutáneas, medición de inmunoglobulina E (IgE) específica y pruebas de provocación supervisadas. No obstante, se estima que en el 30% de los casos la prueba de esfuerzo resulta negativa a pesar de que el paciente padece la afección.

El manejo de estas condiciones se basa en la educación del paciente, la modificación de conductas —como evitar alimentos sospechosos entre cuatro y seis horas antes de entrenar y no consumir AINE— y el uso de equipo de emergencia. Para quienes presentan síntomas sistémicos, es imperativo portar un autoinyector de adrenalina. Sophie Sanjuan, por ejemplo, ha adaptado su rutina evitando el consumo de frutas antes de correr. A pesar del riesgo, Sanjuan y otros atletas mantienen su determinación de no abandonar el deporte, respaldados por la advertencia final de Tauveron: el ejercicio sigue siendo la mejor medicina para combatir la diabetes, la hipertensión, el cáncer y el dolor crónico.

Esta nota fue producida por la redacción de Noticias.lat: verificamos la información en fuentes públicas y la reescribimos con nuestro criterio editorial. No republicamos textos de terceros.

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