El Departamento Antisecuestro de la Policía Nacional ha llevado a cabo un importante golpe contra la criminalidad organizada en la zona fronteriza con la ejecución de la denominada “Operación Falso Match”. A través de este operativo, las autoridades lograron desarticular una estructura criminal dedicada a la privación ilegítima de la libertad y la extorsión, capturando a presuntos integrantes de una banda delictiva que operaba bajo una modalidad de engaño digital.
El comisario Nimio Cardozo, responsable de brindar los detalles de la intervención, informó que el operativo culminó con allanamientos realizados en el barrio San Rafael de Ciudad del Este. En el lugar, los agentes policiales procedieron a la detención de los sospechosos, quienes son investigados por perpetrar secuestros exprés y extorsiones utilizando como herramienta principal las redes sociales y aplicaciones de citas.
De acuerdo con las investigaciones desarrolladas por la Policía Nacional, el modus operandi de los delincuentes consistía en la creación de perfiles falsos en plataformas populares de encuentros, específicamente Tinder y Grindr. Mediante estos perfiles, los criminales contactaban a sus víctimas utilizando engaños para generar confianza y, posteriormente, las convencían de concretar una cita presencial. El comisario Cardozo destacó que la banda aprovechaba la vulnerabilidad emocional y la necesidad de compañía de las personas para atraerlas hacia zonas marginales donde podían ejecutar sus delitos sin interferencias.
El esquema logístico de la banda estaba diseñado para captar principalmente a ciudadanos extranjeros. Según el reporte oficial, las víctimas suelen hospedarse en la ciudad de Foz de Iguazú, en Brasil, desde donde son inducidas a cruzar la frontera hacia territorio paraguayo. Una vez en Paraguay, los delincuentes coordinaban el traslado de las víctimas mediante el servicio de mototaxi, que las conducía directamente hasta el barrio San Rafael en Ciudad del Este, una zona situada en las proximidades del río Paraná.
Al llegar al punto de encuentro, la situación se tornaba violenta. Las víctimas eran interceptadas por un grupo compuesto por aproximadamente ocho personas armadas. Una vez neutralizadas, eran trasladadas por la fuerza hacia sectores boscosos ubicados a orillas del río, donde se mantenían retenidas. En este punto, los criminales se apoderaban de sus teléfonos móviles y procedían a exigir sumas de dinero o a realizar transferencias bancarias forzadas desde las cuentas personales de los secuestrados.
A pesar de que existen tres denuncias formales radicadas ante la justicia, el comisario Cardozo estimó que el número real de afectados podría ascender a cerca de 200 personas. La frecuencia de los ataques era alarmante; el oficial manifestó que hubo semanas en las que se registraron dos o tres víctimas en un solo día, lo que evidencia la intensidad con la que operaba esta estructura criminal.
Entre los casos documentados en la investigación, resalta la situación de un ciudadano francés, quien fue retenido durante 24 horas y despojado de una suma cercana a los 7.000 euros. Asimismo, se reportó el caso de un ciudadano argentino, a quien le sustrajeron aproximadamente 6.000 reales. Además de los secuestros y extorsiones, la Policía vinculó a los detenidos con actividades relacionadas al microtráfico de estupefacientes, ampliando así el espectro delictivo de la organización.
Finalmente, el Departamento Antisecuestro hizo un llamado urgente a todas las posibles víctimas para que denuncien estos hechos. Para garantizar la seguridad de los afectados, se habilitó la línea gratuita 377, la cual permite realizar las denuncias bajo estricta reserva. El comisario Cardozo señaló que el bajo número de denuncias formales se debe, en gran medida, al temor al escarnio y al "escrache social". El oficial explicó que muchos de los hombres víctimas de estas bandas optan por el silencio debido a la vergüenza y la carga social que sienten, lo que facilita que los delincuentes continúen operando en la impunidad.






