La evolución del ecosistema emprendedor en Uruguay ha transitado un camino significativo, pasando de una cultura laboral centrada en la búsqueda de estabilidad en grandes empresas hacia un modelo dinámico de innovación tecnológica. Rosana Fernández, responsable de Ingenio, la incubadora del Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU), analiza cómo este cambio de mentalidad ha permitido que el país desarrolle una infraestructura robusta para el nacimiento de empresas de base tecnológica.
En los últimos dos años, el panorama de los emprendimientos incubados ha experimentado una transformación profunda impulsada por la inteligencia artificial (IA). Si bien Ingenio siempre ha mantenido su enfoque en la tecnología, integrando sistemas y electrónica, la IA se ha imbuido en todas las disciplinas y sectores de actividad, convirtiéndose en el denominador común de los proyectos actuales. Fernández señala que, aunque anteriormente hubo tendencias como el blockchain y las criptomonedas que aún no han definido totalmente su impacto, la inteligencia artificial ha llegado con una potencia y claridad que la posicionan como una herramienta esencial para cualquier modelo de negocio moderno.
La implementación de la IA dentro de las startups se divide en dos ejes principales. Por un lado, se utiliza para optimizar los procesos internos, logrando automatizaciones que simplifican las tareas, aumentan la eficiencia y permiten que el emprendedor entregue propuestas a sus clientes con mayor rapidez. Por otro lado, la IA es la base del desarrollo de productos específicos. Ya no se trata solo de electrónica con sistemas, sino de soluciones que integran modelos de lenguaje y grandes bases de datos mediante machine learning. Estas innovaciones se aplican en sectores tan diversos como la salud, la educación, el e-commerce, el transporte, la limpieza y el sector automotor, permitiendo capturar datos para generar reportes de eficiencia y tomar decisiones basadas en mejoras reales.
Uno de los puntos más debatidos es el impacto de la IA en el empleo, específicamente en los perfiles junior. Fernández reconoce que se observa una tendencia global donde las tareas básicas y repetitivas, tradicionalmente asignadas a los programadores principiantes, están siendo absorbidas por la IA. Esto ha provocado que algunos fundadores de empresas reduzcan el tamaño de sus plantillas iniciales; por ejemplo, contratando a un solo junior en lugar de dos. Sin embargo, la responsable de Ingenio sostiene que esto no debe generar preocupación, sino verse como un desafío. Según su análisis, la IA deja al desnudo las ineficiencias y corrige tareas que no aportan valor agregado ni diferenciación.
En este contexto, el rol del ser humano se desplaza hacia el pensamiento crítico y la curiosidad. El valor real ahora reside en la capacidad de resolver problemas complejos e importantes que un algoritmo matemático no puede dirimir. Fernández enfatiza que, al final de cualquier proceso tecnológico, debe haber un humano aportando valor. Al igual que hace décadas surgieron roles inexistentes como el de community manager o influencer, la sociedad y los profesionales se adaptarán a nuevas funciones donde la capacidad humana sea el motor de la innovación.
Mirando hacia el futuro, Ingenio ya proyecta la incorporación de nuevas fronteras tecnológicas. Tras la consolidación de la IA, el enfoque se desplaza hacia la robótica, la movilidad autónoma y los drones, los cuales tienen aplicaciones críticas en logística, salud y agro. Asimismo, la incubadora tiene la intención de avanzar hacia la biotecnología, considerándola un área fundamental para el desarrollo productivo del país.
Respecto al éxito de la incubadora, Fernández destaca que Ingenio posee una tasa de supervivencia muy alta. Esto se debe, en gran medida, al momento en que los proyectos ingresan: la incubadora no actúa en la etapa de ideación, donde la mortalidad es mayor, sino en la fase de lanzamiento y comercialización. Para ser admitidos, los emprendimientos deben contar con una base tecnológica, un prototipo o producto mínimo viable (MVP) validado, un socio con dedicación exclusiva, capacidades críticas instaladas en el equipo y una capacidad de escalabilidad que evite que el proyecto sea un simple autoempleo.
El apoyo integral que brinda Ingenio incluye espacios de trabajo, seguimiento semanal con ejecutivos, consultorías en finanzas, legal, marketing y ventas, además de acceso a eventos y misiones internacionales. Todo esto ocurre dentro de un ecosistema coordinado en el parque del LATU, donde conviven instituciones como Ceibal, ANII, Tigen, CUTI y Microsoft. Esta sinergia, sumada a la sensibilización previa mediante actividades como Startup Weekend y Fuckup Nights, ha sido clave para transformar la cultura uruguaya, permitiendo que hoy el emprendimiento sea una opción viable y atractiva para los profesionales del país.






