El municipio de El Cairo, situado en la cima de una montaña de la Cordillera Occidental colombiana, enfrenta una de las crisis más profundas de su historia reciente. Tras el sismo de magnitud 7,4 ocurrido el lunes pasado, la localidad ha quedado sumida en un escenario de devastación donde no existe una sola calle que haya escapado a la destrucción de sus viviendas. A pesar de la magnitud de los daños y la profunda tristeza que embarga a la comunidad, los habitantes se resisten a perder la esperanza y han iniciado un arduo proceso de recuperación.
De acuerdo con los reportes de las autoridades locales, el impacto estructural es total: el 100 % de las edificaciones del pueblo, donde residen aproximadamente 7.000 personas, presentan al menos una afectación leve. La gravedad de la situación es visible en las fachadas de la mayoría de las construcciones, que ahora lucen advertencias explícitas como "Peligro grave", "Peligro colapso" o "Acceso prohibido", alertando a los transeúntes sobre la inestabilidad de las estructuras.
El Cairo era reconocido por su cautivadora arquitectura colonial campesina, característica de los pueblos del norte del Valle del Cauca y un atractivo fundamental para el turismo de la región. Sin embargo, gran parte de ese patrimonio arquitectónico ahora yace en el suelo. Actualmente, las calles se encuentran obstruidas por tierra, ladrillos y restos de madera, convirtiendo el paisaje urbano en un campo de escombros.
Ante esta emergencia, la respuesta comunitaria ha sido inmediata. Los habitantes trabajan sin descanso en las labores de remoción de escombros, contando con el respaldo de las autoridades, trabajadores de empresas de servicios públicos y una oleada de voluntarios que han viajado desde diversos puntos del país. En medio de la adversidad, la solidaridad se ha convertido en el motor de las jornadas de trabajo; existen puntos en el municipio donde se distribuyen agua y comida gratuitamente para apoyar a quienes participan en las tareas de limpieza y remoción.
Uno de los rostros de esta tragedia es Agustín Restrepo Benavides, sepulturero del municipio, quien relata la pérdida de su hogar. Su residencia, una casa de fachada blanca con detalles amarillos que perteneció a su familia por más de cinco décadas y que albergaba el antiguo Teatro Nancy —arreglado en su momento por su padre—, quedó severamente dañada. El sismo destruyó el segundo piso y dejó la estructura al borde del colapso total. Restrepo, quien se salvó junto a su hermana y una inquilina porque no se encontraban en la vivienda al momento del sismo, manifiesta una profunda incertidumbre sobre el futuro.
El temor de Restrepo radica en la condición del terreno, ya que la tierra de la zona se encuentra erosionada, lo que podría representar un riesgo para cualquier nueva construcción. "Hay que esperar qué dicen los especialistas, esperar si se puede volver a construir o no", señaló el afectado, quien, a pesar de la tristeza, mantiene la fe en que el pueblo logrará recuperarse en un plazo de dos o tres años.
Desde la administración local, el alcalde encargado, Carlos Alberto Correa, ha confirmado que el terremoto dejó un saldo de tres personas fallecidas y cuatro heridos, sin reportarse personas desaparecidas. El mandatario detalló que existen unas 60 casas que deberán ser demolidas completamente debido a los daños irreversibles. Correa hizo un llamado urgente para la donación de materiales de construcción, específicamente tejas españolas, hojas de zinc, listones, cartones y puntillas, elementos críticos para rehabilitar aquellas viviendas que solo presentan daños en los techos.
La recuperación de El Cairo ha contado con apoyo técnico especializado. Además de ingenieros de todo Colombia, tres profesionales de la Universidad de Cataluña se desplazaron hasta esta remota localidad para brindar asistencia a los damnificados. El alcalde encargado destacó que, aunque la tarea es ardua y la reconstrucción total podría demorar entre seis meses y un año, la solidaridad de la gente ha facilitado la gestión de la crisis.
Correa lamentó la pérdida estética y estructural del municipio, que llegó a ser considerado el cuarto pueblo más bonito de Colombia. No obstante, enfatizó que, aunque no se puede luchar contra los fenómenos de la naturaleza, la determinación de los habitantes es inquebrantable y no se rendirán hasta recuperar lo que el sismo les arrebató.






