El proceso judicial contra el músico Cristian “Pity” Álvarez, imputado por el asesinato de Cristian Maximiliano Díaz, alcanzó un punto de máxima tensión durante la tercera jornada del debate. El desarrollo de la audiencia estuvo marcado por una de las declaraciones más impactantes y determinantes desde que se inició el proceso, la de Carlos Ulises Stiempcich, quien fue testigo presencial del violento episodio que terminó con la vida de Díaz.
Stiempcich, quien mantenía un vínculo de amistad con la víctima, brindó un relato detallado y crudo sobre los hechos ocurridos el 12 de julio de 2018 en el complejo habitacional Samoré, ubicado en el barrio de Villa Lugano. Su testimonio, que se extendió por aproximadamente una hora y media, se convirtió en el eje central de la jornada, aportando precisiones fundamentales sobre la mecánica del crimen.
Dada la sensibilidad del caso y la naturaleza del relato, el testigo solicitó formalmente que el acusado, Cristian Álvarez, y el público presente fueran retirados de la sala antes de comenzar su declaración. Esta petición fue aceptada por los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°29, quienes dispusieron que el testimonio se llevara a cabo en una sala aparte para garantizar la tranquilidad del declarante.
En su reconstrucción de los hechos, Stiempcich narró que aquella madrugada se encontraba consumiendo bebidas y conversando con Cristian Maximiliano Díaz cuando, en ese contexto, divisaron la presencia de Álvarez. Según el testigo, Díaz manifestó su intención de acercarse para hablar con el músico. Si bien Stiempcich permaneció inicialmente a una distancia prudencial, decidió intervenir y acercarse cuando notó que el tono de la conversación entre ambos hombres comenzaba a escalar y se volvía agresivo, con el objetivo de intentar separarlos.
El relato del testigo describe una situación de creciente tensión que culminó con los dos hombres frente a frente. En ese momento, Díaz habría realizado un gesto interpretado como la intención de propinar un cabezazo a Álvarez. Fue entonces cuando, según la declaración de Stiempcich, el cantante extrajo un arma de fuego y efectuó el primer disparo.
El detalle más estremecedor del testimonio fue la precisión sobre el impacto del primer proyectil. Stiempcich sostuvo con firmeza que el disparo impactó de manera “certera en el ojo” de la víctima. Posteriormente a este primer impacto, el testigo afirmó que se produjeron otras tres detonaciones, completando una secuencia de cuatro disparos que resultaron fatales para Cristian Maximiliano Díaz.
La carga probatoria de la jornada no se limitó únicamente al relato de Stiempcich. El tribunal escuchó también los testimonios de tres vecinos de la zona y de la persona encargada del edificio donde residía el músico. Uno de estos vecinos aportó un dato clave que coincide con la secuencia narrada por el amigo de la víctima, al asegurar que escuchó un primer disparo aislado y, acto seguido, una "ráfaga" compuesta por otros tres disparos adicionales. Estas concordancias en los testimonios refuerzan la hipótesis sobre la cantidad y la cronología de las detonaciones.
A pesar de la gravedad de las acusaciones y los testimonios vertidos en la sala, Cristian Álvarez mantuvo una actitud imperturbable durante la audiencia. Al finalizar la jornada, el músico se dirigió brevemente a los medios de comunicación presentes en los tribunales, asegurando encontrarse “tranquilo” respecto al avance del proceso.
Como cierre de la jornada, Álvarez captó la atención de la prensa al mostrar la palma de su mano izquierda. En ella, llevaba dibujado un ojo, un símbolo que su entorno cercano explicó que representa “el ojo que todo lo ve”. Este gesto final, sumado a la contundencia de las declaraciones testimoniales, cierra una jornada clave en el camino hacia la resolución judicial de este crimen.






