Los juegos de mesa han demostrado ser una tendencia que no pasa de moda, consolidándose como espacios de sano entretenimiento que permiten compartir horas de diversión entre familiares y amigos. En la Ciudad de Guatemala, esta dinámica ha encontrado un aliado inesperado en el sector gastronómico, donde algunos establecimientos han comenzado a destacar por ofrecer una propuesta que va más allá de la alimentación: la integración de diversos juegos de mesa para hacer la visita de los clientes más amena.
Aunque el número de establecimientos que adoptan este modelo es aún reducido, estos lugares están captando la atención de un público que busca combinar la experiencia de comer con la oportunidad de compartir y divertirse en un mismo espacio. La combinación de un platillo, un postre o una bebida con la dinámica de un juego se presenta como la fórmula ideal para crear recuerdos positivos.
Uno de los referentes en esta modalidad es Mucheese, un restaurante fundado en el año 2016 con el objetivo explícito de crear un entorno familiar donde jugar, comer y compartir fueran los pilares fundamentales. Keneth Pérez, gerente del establecimiento, explica que la idea nació de su propia experiencia como jugador de juegos de mesa durante muchos años. Pérez señala que, en su momento, identificó la falta de espacios óptimos para acudir a jugar con sus hijas, lo que motivó la creación de este lugar.
La oferta gastronómica de Mucheese se centra en opciones como pizzas, baguettes, quesadillas y hamburguesas, integrando el sabor del queso con la actividad lúdica. En cuanto a su catálogo de entretenimiento, el restaurante cuenta con 180 juegos. De este total, solo 10 son considerados clásicos —citando ejemplos como Jenga, Uno y Monopoly—, mientras que el resto consiste en juegos modernos, que constituyen la especialidad del local. Además, Mucheese permite que los clientes adquieran estos juegos para llevar la experiencia a sus hogares. Para el gerente, el propósito fundamental es fomentar la desconexión tecnológica, afirmando que el 90% de sus clientes logra alejarse de las distracciones externas, combatiendo la tendencia de la tecnología a separar a las personas.
Por otro lado, Roofpong surgió de la pasión de Sofía Arévalo y Alberto Carrillo por el ping-pong. El proyecto nació de la fusión de dos deseos: la intención de Arévalo de tener un restaurante y la de Carrillo de crear un centro de entretenimiento en un ambiente familiar. Esta unión dio lugar a un espacio donde la práctica de este deporte se complementa con una oferta culinaria y juegos de mesa.
En Roofpong, el entretenimiento se enfoca en juegos de mesa sencillos que facilitan la convivencia en periodos cortos de tiempo, tales como Rummikub, Basta, Uno y Jenga, con planes de incorporar nuevas opciones en el futuro. Su menú es particularmente reconocido por sus hamburguesas, catalogadas entre las mejores de Guatemala, y sus pizzas, que incluyen tanto el estilo auténtico de Nueva York como la icónica pizza estilo Chicago, la cual fue la primera oferta del lugar y es la que más reconocimiento les ha brindado. A esto se suma una ubicación privilegiada que ofrece vistas de la ciudad y los volcanes. Según Carrillo, el restaurante es un espacio ideal para que los niños abandonen el teléfono celular y se diviertan con su familia.
Finalmente, Café Cartel representa una evolución nacida en el contexto de la pandemia. Lo que comenzó con la venta de cápsulas y café preparado se transformó progresivamente en un local físico que incorpora bebidas, postres, platillos y juegos de mesa. Estephanie Avendaño, gerente del lugar, menciona que los propietarios notaron que, usualmente, la visita a un café termina una vez que concluye la plática. La introducción de juegos de mesa busca extender ese tiempo de convivencia, permitiendo que las personas se desconecten del teléfono y vivan momentos especiales.
En Café Cartel, los clientes pueden jugar ajedrez, Sequence, Rummy y Jenga mientras degustan un menú variado que abarca desde hummus, focaccias, calzones y croissants, hasta brownies, pan de zanahoria y pan de banano, además de platos fuertes, entradas, bebidas frías, calientes y copas de vino. El establecimiento también se ha posicionado como un espacio versátil que sirve para el trabajo, ya que cuenta con áreas para proyectar pantallas. El ambiente se complementa con aire acondicionado, plantas y la venta de flores, creando una atmósfera relajada apta para leer, conversar o disfrutar de una copa de vino.





