El Instituto Geofísico del Perú (IGP) ha registrado una serie de movimientos telúricos en diversas zonas del territorio nacional durante la jornada del 1 de agosto de 2026, reafirmando la naturaleza altamente sísmica del país. Según los reportes oficiales, se han detectado eventos en las regiones de Ucayali, Ica y Cusco, lo que pone de relieve la necesidad constante de vigilancia y preparación por parte de la población.
Uno de los sismos más destacados ocurrió a las 18:23:03 horas, con epicentro a 11 kilómetros al noreste de Curimaná, en la provincia de Padre Abad, Ucayali. Este movimiento alcanzó una magnitud de 4.2 y se registró a una profundidad de 149 kilómetros, reportándose una intensidad III en la localidad de Curimaná. Asimismo, en la región de Ica, se registró un sismo a las 14:56:39 horas, ubicado a 66 kilómetros al suroeste de la ciudad de Ica, con una magnitud de 3.8 y una profundidad de 34 kilómetros, alcanzando una intensidad entre II y III. Previamente, a las 05:29:17 horas, se reportó un sismo de magnitud 3.5 a 15 kilómetros al este de Cusco, con una profundidad de 15 kilómetros e intensidad III.
La entidad encargada de este monitoreo, el IGP, a través del CENSIS, obtiene sus datos de la Red Sísmica Nacional (DS-0017-2018MINAM). Esta infraestructura está conformada por sensores de velocidad, aceleración y desplazamiento distribuidos estratégicamente por todo el país. La ubicación del Perú dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico hace que la ocurrencia de sismos sea inevitable. De hecho, estudios realizados por el IGP indican que existe energía sísmica acumulada en la zona sur del país, un dato técnico que debe servir de incentivo para que la ciudadanía participe activamente en los simulacros de evacuación.
La historia reciente recuerda el impacto que estos fenómenos pueden tener. El jueves 3 de octubre de 1974, Lima y gran parte de la costa sur fueron azotadas por un terremoto de magnitud 8.0 a las 9:21 a.m. El movimiento, que se prolongó durante aproximadamente 90 segundos, dejó un saldo trágico de 252 personas fallecidas y 3,600 heridos, evidenciando la vulnerabilidad de las estructuras ante eventos de gran magnitud.
Desde una perspectiva educativa, es fundamental diferenciar entre un temblor y un terremoto. Aunque ambos son movimientos de la Tierra, el término "terremoto" se reserva generalmente para aquellos sismos de mayor magnitud y con un impacto destructivo significativo, mientras que "temblor" se emplea para referirse a sismos más leves. Para medir estos eventos, se utilizan dos escalas: la de Richter, que indica la energía liberada (magnitud), y la de Mercalli, que mide el impacto real en las personas y las estructuras (intensidad).
Una duda frecuente entre la población es por qué se reportan magnitudes distintas para un mismo evento. El IGP aclara que la primera información proviene de estaciones cercanas y, posteriormente, se ajusta a medida que llegan datos de sensores adicionales, ya que la ciencia continúa calculando la magnitud después del primer aviso. Respecto a la predicción, los especialistas enfatizan que los sismos no se pueden predecir; sin embargo, los sismógrafos y acelerógrafos permiten detectar los movimientos del suelo en tiempo real para emitir alertas rápidas.
En cuanto a las medidas de seguridad, las recomendaciones son claras. Si una persona se encuentra en la calle durante un sismo, debe buscar un lugar abierto, alejándose de postes, árboles o edificios, y teniendo especial cuidado con los cables eléctricos. Quienes se encuentren conduciendo deben detener el vehículo con precaución en un lugar seguro. Dentro de las edificaciones, se recomienda estrictamente no utilizar el ascensor, debido al riesgo de que la estructura se desprenda y caiga con personas en su interior. Además, para evitar la saturación de las líneas móviles, se aconseja optar por mensajes de texto en lugar de llamadas telefónicas.
Finalmente, la preparación implica contar con una mochila de emergencia diseñada para sobrevivir las primeras horas post-desastre. Esta debe incluir artículos de higiene, un botiquín equipado con vendas, gasa, alcohol, pastillas y agua oxigenada, así como ropa de abrigo. En cuanto a la alimentación, se sugieren productos no perecibles como latas de atún, barras de cereales, chocolates y frutos secos, acompañados de dinero en efectivo. También es indispensable incluir artículos de comunicación, linternas o radios con baterías y elementos específicos según la composición del núcleo familiar, tales como productos para bebés, infantes, mujeres, adultos mayores o mascotas.






