La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) ha otorgado recientemente la autorización a la terapia MeRT (Magnetic EEG-guided Resonance Therapy), un avance que marca un hito al convertirse en el primer tratamiento de estimulación cerebral personalizado diseñado específicamente para el abordaje del trastorno de estrés postraumático (TEPT). Esta innovadora tecnología ya se encuentra disponible en Chile, abriendo una nueva etapa en la salud mental al permitir tratamientos diseñados según las características individuales de cada paciente, rompiendo con el esquema de aplicar un mismo protocolo estándar para todos los casos.
El trastorno de estrés postraumático es una afección compleja que puede desarrollarse tras la vivencia de experiencias peligrosas o altamente impactantes que ponen en riesgo la vida. Según explica la Dra. María José Arroyo, psiquiatra de Neuroreset, este cuadro puede originarse a raíz de desastres naturales, accidentes graves o situaciones de violencia física y sexual. La patología se manifiesta a través de un estado permanente de hipervigilancia, pensamientos intrusivos, recuerdos recurrentes, cambios significativos en el estado de ánimo y conductas de evitación, donde el paciente tiende a alejarse de personas o lugares que le recuerden el evento traumático. Es importante notar que estos síntomas no siempre son inmediatos, pudiendo aparecer semanas después de la experiencia vivida.
En el contexto nacional, el impacto de esta afección es considerable. Datos del Ministerio de Salud (MINSAL) indican que el 4,4% de la población chilena ha presentado trastorno de estrés postraumático en algún momento de su vida. Este porcentaje muestra una disparidad de género, elevándose al 6,2% en las mujeres, mientras que en los hombres alcanza el 2,5%. Además, las estadísticas evidencian que el impacto se intensifica tras catástrofes ambientales. Por ejemplo, investigaciones realizadas luego del terremoto y tsunami del 27 de febrero de 2010 revelaron una afectación profunda en la salud mental de las comunidades. Asimismo, tras incendios forestales ocurridos en los últimos años, se estima que entre un 24% y un 60% de las personas afectadas podrían presentar síntomas compatibles con el TEPT. Actualmente, la preocupación se centra en las familias del norte del país afectadas por inundaciones, quienes podrían desarrollar estos síntomas debido al trauma vivido.
Hasta ahora, el tratamiento convencional para el TEPT ha consistido principalmente en una combinación de psicoterapia y fármacos antidepresivos. Sin embargo, estos métodos no siempre generan una respuesta adecuada en todos los pacientes, lo que ha impulsado la necesidad de alternativas más precisas. Es aquí donde interviene la terapia MeRT. De acuerdo con la Dra. Arroyo, este tratamiento es indoloro, no presenta efectos adversos y se enfoca en la regulación funcional de áreas cerebrales específicas. El objetivo es incrementar la actividad en la corteza prefrontal para contrarrestar el hiper funcionamiento de la amígdala cerebral.
En términos sencillos, la terapia MeRT ayuda a que el cerebro salga de ese estado de alarma permanente característico de quienes han sufrido un trauma. Al recuperar el equilibrio cerebral, los pacientes pueden experimentar una disminución en la ansiedad, la hipervigilancia y los recuerdos intrusivos, facilitando la reintegración a su vida cotidiana. La especialista destaca que se han observado mejorías clínicas en periodos de tan solo cuatro semanas de tratamiento.
Lo que diferencia a MeRT de otras terapias es su naturaleza de precisión. El proceso comienza con la realización de un electroencefalograma (EEG) para registrar la actividad cerebral real del paciente. Con base en esta información, los especialistas diseñan un plan de estimulación personalizado y ajustado a las necesidades biológicas de cada individuo.
Mikael Gayme, CEO de Brain Treatment Center Chile —el primer centro en Latinoamérica en implementar esta terapia—, señala que durante años la salud mental se ha basado en el tratamiento de los síntomas visibles. El gran cambio que representa la autorización de la FDA es la capacidad de incorporar información sobre el funcionamiento real del cerebro para personalizar la terapia. Según Gayme, los estudios sugieren que este enfoque ofrece una mejor respuesta clínica y una mayor duración de los beneficios en comparación con las alternativas farmacológicas, que no siempre arrojan los resultados esperados.




