Dos potentes terremotos sacudieron la capital, Caracas, y la costa norte de Venezuela este miércoles, dejando un saldo preliminar de más de 1.400 personas fallecidas. Estos eventos sísmicos se han posicionado como los más letales registrados en la historia moderna del país, superando ampliamente la cifra de víctimas del terremoto de 1967, que en su momento fue el más mortífero con 240 fallecidos.
La región de Latinoamérica, caracterizada por poseer complejas zonas de fallas, ha enfrentado históricamente diversos sismos de gran magnitud que han provocado destrucción generalizada y cuantiosas pérdidas humanas. Para poner en contexto la magnitud de la tragedia actual, se revisan diez de los terremotos más mortíferos ocurridos en la región desde 1812 hasta 2010.
Uno de los casos más devastadores fue el terremoto de Haití en 2010. A pesar de tener una magnitud de 7.0, menor que otros eventos en la lista, resultó ser el segundo más mortífero de la historia global, solo superado por el sismo de la provincia de Shaanxi en China en 1556. Con 316.000 muertos, la tragedia en Haití se agravó debido a que azotó la capital, Puerto Príncipe, una zona densamente poblada con infraestructura deficiente, edificios de hormigón no diseñados para resistir temblores y una carencia de servicios de respuesta. Las pérdidas económicas se estimaron en 8.000 millones de dólares, lo que representaba casi el 120% del Producto Interno Bruto (PBI) del país en 2009.
En 1858, un conjunto de sismos afectó a Ecuador y Colombia, culminando con un temblor de magnitud 7,7. El desastre dejó aproximadamente 70.000 víctimas, de las cuales 40.000 fueron en Ecuador y 30.000 en Colombia. Documentos de una comisión gubernamental de la época describieron cómo la ciudad de Ibarra, sacudida a la 1:15 de la madrugada, se transformó en un cementerio en menos de tres segundos, dejando a gran parte de su población sepultada bajo sus propias habitaciones.
Perú sufrió uno de los deslizamientos de tierra más letales de la historia en 1970, provocado por un terremoto submarino de magnitud 7,9. El sismo desestabilizó la pared norte de la montaña más alta del país, lanzando una masa de roca e hielo glacial a velocidades de hasta 335 km/h sobre las localidades de Yungay y Ranrahirca. El impacto, que movilizó 80 millones de metros cúbicos de material, dejó 66.794 muertos; solo en Yungay fallecieron 19.000 personas. El 70% de poblaciones como Chimbote y Huaras fueron destruidas y casi un millón de personas perdieron su hogar.
Ecuador registró en 1868 el sismo más potente conocido en su territorio, con una magnitud de 8,3. Este evento alcanzó el segundo nivel más alto en la escala de intensidad de Mercalli modificada, provocando destrucción generalizada y deslizamientos de tierra en ciudades como Quito, Riobamba, Latacunga y Ambato, con un saldo de 40.000 fallecidos.
Por su parte, Chile vivió su terremoto más mortífero en 1939 en la ciudad de Chillán, con una magnitud de 8,3 y 30.000 muertos. Aunque el sismo de 1960 fue más fuerte (9,5), el de 1939 fue más letal debido al uso de materiales débiles como el adobe y la falta de diseño de ingeniería contra fuerzas laterales. Este desastre, que destruyó Chillán y Concepción, impulsó la creación del primer código de construcción antisísmica en Chile.
Venezuela ya había enfrentado una tragedia similar en 1812, cuando un trío de terremotos de magnitud 7,7 destruyó el 90% de Caracas y causó miles de muertes en Mérida, Barquisimeto, La Guaira y San Felipe, sumando 26.000 víctimas. En aquel entonces, durante la guerra contra España, las autoridades coloniales calificaron el evento como un castigo divino. Estados Unidos brindó ayuda económica y alimentaria, marcando un ejemplo temprano de asistencia exterior.
Otros eventos significativos incluyen el sismo de 1868 en la zona de Arica (entonces Perú, hoy Chile), con magnitud 8,5 y 25.000 muertos, cuyo tsunami alcanzó incluso Hawái y Nueva Zelanda. En Guatemala, un sismo de magnitud 7,5 en 1917 dejó 23.000 fallecidos y 1,2 millones de personas sin hogar, destruyendo el 40% de los hospitales del país.
Finalmente, los registros incluyen un terremoto en Venezuela documentado por Alexander von Humboldt que destruyó Cumaná y dejó 16.000 muertos, precedido por olores a azufre y llamas que surgieron de la tierra. Asimismo, en Argentina, un sismo estimado en magnitud 7,2 sacudió Mendoza en 1861, dejando 14.000 muertos y provocando incendios masivos debido a las lámparas de gas de la época.





