En la región semidesértica del Karoo, en Sudáfrica, un ratón rayado africano reacciona de manera distinta según el sonido que escucha. Si un equipo de audio reproduce la llamada de un vecino, el roedor se muestra alerta; si es un desconocido, huye hacia su arbusto; pero si el sonido proviene de un miembro de su propio nido, permanece tranquilo tomando el sol. Este experimento es parte de una investigación liderada por Nicolas Mathevon, profesor de la Universidad de Saint-Étienne en Francia, que busca descifrar los sonidos ocultos de los animales en estado salvaje.
El estudio es uno de los primeros en utilizar algoritmos de aprendizaje automático para procesar miles de vocalizaciones. En 2023, el equipo de Mathevon registró más de 122.000 chillidos de decenas de ratones durante 12 días, utilizando 23 micrófonos distribuidos en cuatro nidos. Gracias a una red neuronal artificial, similar a la que sustenta modelos como ChatGPT, los científicos descubrieron que cada nido y cada individuo poseen una firma vocal específica. Mathevon señala que el aprendizaje automático es esencial debido al volumen masivo de datos, permitiendo identificar información "estática" sobre la identidad de los animales. El siguiente paso será interpretar la "información dinámica", como los niveles de estrés.
Este avance forma parte de una tendencia global que busca comprender la sofisticación de la comunicación animal. El trabajo con los ratones rayados es finalista del Premio Dolittle, un galardón patrocinado por el empresario Jeremy Coller que otorga 100.000 dólares a avances significativos en el desciframiento de la comunicación animal. El premio incluso contempla una inversión de 10 millones de dólares si un equipo logra demostrar una comunicación independiente entre humanos y una especie animal sin que esta última reconozca la interacción con seres humanos.
Otros investigadores están explorando la sintaxis en los grandes simios. Catherine Crockford y Roman Wittig han analizado cerca de 20.000 horas de grabaciones de chimpancés en Costa de Marfil. Sus hallazgos sugieren que estos primates pueden combinar sonidos en pares para crear nuevos significados, una característica que se creía exclusiva del lenguaje humano. Por ejemplo, la combinación de un sonido de descanso ("hoo") con un saludo ("gruñido jadeante") se traduce como una invitación para construir un nido.
De manera similar, Mélissa Berthet ha estudiado a los bonobos en la República Democrática del Congo. Mediante técnicas matemáticas, Berthet descubrió que la combinación de una llamada de sugerencia ("peep") con un "silbido" de cohesión grupal indica una situación social tensa, funcionando posiblemente como una petición de paz entre individuos.
En el ámbito de las aves, Julie Elie trabaja con pinzones cebra en California. Elie ha clasificado 11 tipos de llamadas vinculadas a conceptos como hambre, peligro o conflicto. A través de un experimento donde las aves presionaban un botón para escuchar sonidos y recibir recompensas, demostró que los pinzones poseen una representación mental del significado de sus llamadas, confundiendo significados similares antes que sonidos similares.
A pesar del entusiasmo, la comunidad científica mantiene un debate ético. Expertos como Mélissa Berthet y Martin Surbeck, de la Universidad de Harvard, advierten sobre los riesgos de intentar una comunicación bidireccional con animales salvajes. Temen que esto pueda derivar en un "turismo" disruptivo o que se alteren las dinámicas sociales de especies inteligentes. Mark Ryan, investigador de ética digital, y Melanie Challenger, de la RSPCA, sugieren cautela para evitar caer en la trampa de esperar que los animales se comporten o piensen como humanos.
No obstante, Mathevon argumenta que comprender estos sistemas tiene beneficios prácticos inmediatos. Un ejemplo es el uso en Japón de señales de advertencia en trenes que imitan el resoplido de alerta de los ciervos para evitar colisiones. Asimismo, el análisis de las vocalizaciones podría mejorar el bienestar de animales de laboratorio y granja al detectar niveles de estrés sin recurrir a métodos invasivos. Aunque la meta de una comunicación fluida al estilo del Doctor Dolittle sigue siendo lejana, la inteligencia artificial está derribando las barreras entre las especies.






