El pasado 25 de mayo se dio a conocer la primera encíclica del papa León XIV, titulada Magnífica humanitas. Este documento eclesial se centra específicamente en la "custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial (IA)", estableciendo una postura formal de la Iglesia ante los desafíos y avances de esta tecnología.
El pontífice ha desarrollado este documento partiendo de una base de reflexión que ya se venía gestando desde el pontificado del papa Francisco. Durante ese periodo, la inteligencia artificial no solo fue analizada desde una perspectiva estrictamente científica, sino que se extendió a diversas dimensiones del quehacer humano, incluyendo los ámbitos sociales, educativos, económicos, políticos, culturales, filosóficos, espirituales y teológicos. Con la publicación de Magnífica humanitas, León XIV formaliza la invitación y la postura de la Iglesia respecto al desarrollo de la IA.
Para estructurar su análisis, el papa León XIV realiza un recorrido sintético por los puntos más sobresalientes de la doctrina social de la Iglesia. Esta trayectoria doctrinal tuvo su inicio en el año 1891 con la encíclica Rerum novarum, escrita por León XIII. En este contexto, el actual pontífice utiliza dos episodios bíblicos fundamentales para ilustrar dos actitudes contrapuestas del ser humano frente a la divinidad y dos formas distintas de autoconciencia sobre la condición humana: la torre de Babel y el proyecto de Nehemías.
En primer lugar, el documento analiza la imagen de la torre de Babel. Para el papa, este episodio representa la pretensión del ser humano de "bastarse a sí misma". Esta actitud ocurre cuando se absolutiza la condición humana buscando una total independencia de la divinidad, impulsada por el orgullo y la soberbia. El pontífice advierte que este camino conduce inevitablemente a la eliminación de la comunicación y del encuentro con el prójimo. Según el texto, si el ser humano llega a considerar que no requiere de Dios, consecuentemente dejará de requerir del otro, especialmente de aquel que es diferente o se encuentra en una condición de disminución.
En contraposición a la soberbia de Babel, el papa León XIV presenta la figura de Nehemías y su proyecto de reedificar el templo de Jerusalén a partir de sus ruinas. En este modelo, el profeta Nehemías actúa bajo una premisa distinta: antes de iniciar cualquier acción, ayuna, reza e intercede por su pueblo. La reconstrucción no se plantea como una hazaña individual, sino como un proceso coordinado donde Nehemías convoca a las familias y confía a cada una un tramo de la muralla.
Este enfoque resalta la importancia de escuchar los temores, coordinar los esfuerzos y enfrentar las oposiciones de manera conjunta. De este modo, el renacimiento de la ciudad no se atribuye a la iniciativa de una sola persona, sino que es el resultado de la responsabilidad compartida de todo el pueblo.
Respecto a la tecnología, el papa reconoce que ha sido y continúa siendo una herramienta fundamental para el desarrollo de la humanidad. Sin embargo, lanza una advertencia clara: la tecnología no es neutral. El documento señala que en el desarrollo, la promoción y el dominio de estas herramientas siempre existen intereses involucrados, los cuales en muchas ocasiones resultan egoístas.
Desde la visión cristiana expuesta en la encíclica, se sostiene que la humanidad tiene la llamada constante de detectar, promover y seguir aquello que fomente una existencia más libre, justa, fraterna y solidaria. El objetivo final es evitar que el avance técnico eclipse la esencia humana y la capacidad de solidaridad.
Finalmente, el papa León XIV invita a los fieles y a la humanidad en general a contemplar el rostro de Jesucristo para encontrar en él esa "magnífica humanidad". El pontífice propone que sea esta imagen la que ilumine el camino del hombre y la mujer en la actual época de la inteligencia artificial. Esta reflexión se alinea con el mensaje evangélico de que Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él, enfatizando que la salvación y la vida eterna se encuentran en la fe y el amor, elementos que deben prevalecer sobre cualquier avance tecnológico.






