Un relato detallado sobre el mundo espiritual ha vuelto a encender el debate y a generar temor entre diversos sectores de la población. El padre Paublo Jiménez, integrante de la Iglesia Nacional del Paraguay, brindó declaraciones a Crónica en las que aseguró que las almas en pena, los espíritus y las figuras legendarias como los pombéros son entidades reales que forman parte de una dimensión distinta a la nuestra.
De acuerdo con las declaraciones del religioso, las almas en pena mantienen una presencia activa y se manifiestan con mayor frecuencia en la actualidad. El sacerdote explicó que estos seres habitan en otra dimensión y que se dividen fundamentalmente según su naturaleza vibratoria: existen aquellos de baja vibración, definidos como malos, y aquellos buenos, identificados como ángeles.
Para fundamentar esta visión, el padre Jiménez señaló que los seres humanos habitamos la tercera dimensión, una realidad predominantemente material donde tiende a prevalecer la creencia únicamente en aquello que puede ser visto o tocado. No obstante, resaltó que esta limitación sensorial no impide la fe, ya que las personas creen en Dios a pesar de no poder verlo físicamente.
El sacerdote emitió una advertencia severa sobre los espíritus malignos, subrayando que estas entidades tienen la capacidad de perjudicar a las personas. Según su explicación, el estado del alma tras la muerte es un reflejo de cómo fue la persona durante su vida; si alguien fue malo en el plano terrenal, esa condición no cambia después del fallecimiento. En este sentido, el religioso fue tajante al referirse a quienes trabajan con la figura de "San La Muerte", asegurando que dicho ente no es un santo, sino que es directamente Satanás.
En contraposición, el padre Paublo habló sobre los espíritus benévolos, situando a los ángeles y arcángeles como guías espirituales capaces de ayudar a los seres humanos a expandir su percepción y abrir sus ojos más allá de las limitaciones de lo material.
Asimismo, el sacerdote mencionó que existen personas con una preparación espiritual específica que les permite percibir a estas entidades. Advirtió que los espíritus malignos buscan alimentarse de la energía humana y afirmó que existen prácticas de macumbería donde se utilizan estos espíritus con el objetivo de causar daño a terceros o para obtener poder, asegurando que todo este proceso es real.
Uno de los puntos más destacados de su intervención fue la vinculación de las almas en pena con elementos de la cultura popular paraguaya. El religioso explicó que lo que popularmente se conoce como pombéros, o que en otras regiones se denomina duendes, son en realidad espíritus que habitan en una dimensión no material.
El padre Jiménez aclaró que no todas las personas poseen la capacidad de percibirlos, ya que se requiere de una sensibilidad diferente para verlos o relacionarse con ellos. Incluso mencionó que, dentro de la cultura local, existe gente que busca la protección de estas entidades, afirmando que hay personas que se hacen "amigas" del pombéro y que, efectivamente, reciben protección de su parte.
Sobre las manifestaciones paranormales, el sacerdote relató haber asistido a misas en lugares donde se reportaban sucesos extraños, tales como ruidos inexplicables o apariciones. Según su análisis, las almas vagan cuando no han completado su tiempo antes de partir, especialmente en casos de muertes violentas o accidentes. Explicó que estas manifestaciones ocurren porque el espíritu necesita algo, generalmente una misa o un proceso de liberación para poder trascender. En el contexto cultural paraguayo, señaló que es común que los espíritus se manifiesten cuando se altera el lugar donde murieron o se mueve su nicho.
Además, el religioso vinculó la percepción del mundo espiritual con los estados de meditación profunda. Según el padre Paublo, quien logra silenciar su mente puede adentrarse en el plano espiritual y visualizar a personas fallecidas, mientras que aquellos que no pueden alcanzar ese silencio mental permanecen ajenos a estas visiones.
Para ilustrar estos conceptos, el sacerdote compartió una experiencia reciente con una familia cuyo esposo había muerto electrocutado. La viuda solicitó ayuda debido a que sentía la presencia constante de su marido, quien llegaba al punto de acostarse a su lado y quitarle la frazada, persiguiéndola incluso cuando ella intentaba dormir en casa de su madre. El padre Jiménez relató que realizó misas en el domicilio una vez por semana durante siete semanas consecutivas, tras lo cual la situación se calmó.
Finalmente, el religioso concluyó enfatizando la importancia de la intercesión por los difuntos mediante oraciones y novenas, especialmente para aquellos que no lograron mejorar su vida espiritual antes de morir, permitiendo así que puedan encontrar la paz y trascender.






