Iván Cepeda, el candidato elegido por Gustavo Petro para representar al Pacto Histórico, emerge en el escenario electoral como una figura rodeada de enigmas y contrastes. Quienes lo han conocido describen a un hombre de "dos caras": una que se proyecta bajo la imagen de Gandhi, centrada en la no violencia y los derechos humanos, y otra vinculada a una formación dogmática y rígida, comparada por algunos críticos con el estilo de Stalin.
La historia de Cepeda está profundamente marcada por el bloque soviético. Tras la muerte de su madre, Yira Castro, en 1981 —cuyo fallecimiento tuvo un impacto tal en las Farc que la guerrilla bautizó un frente de guerra en su nombre—, Iván se trasladó a la Bulgaria socialista. Allí estudió filosofía en la Universidad San Clemente de Ohrid, en una Sofía controlada por el Partido Comunista. Este entorno, caracterizado por la disciplina y la falta de espontaneidad, parece haber dejado una impronta en su personalidad, describiéndolo hoy como un hombre adusto, poco expresivo y que evita la improvisación, recurriendo frecuentemente a libretos elaborados.
Su vínculo con el comunismo es hereditario y temprano. Hijo de Manuel Cepeda, líder del Partido Comunista y la Juco, Iván creció en un entorno donde la "revolución armada" y la "lucha popular" eran la norma. Durante su infancia y adolescencia, vivió en la Checoslovaquia comunista y en La Habana, Cuba, ciudad que funcionaba como epicentro ideológico para guerrilleros y sindicalistas latinoamericanos. A los 11 años ya formaba parte de la Juventud Comunista (Juco), organización que, según testimonios, alentaba el trabajo clandestino y mantenía nexos con las Farc.
La relación entre la familia Cepeda y la guerrilla de las Farc ha sido estrecha y simbólica. Manuel Cepeda mantuvo una amistad entrañable con Manuel Marulanda, el fundador de la guerrilla, quien incluso dedicó mensajes de dolor tras el asesinato del líder comunista en 1994. Esta simbiosis era tal que el Partido Comunista y las Farc operaban bajo la "combinación de todas las formas de lucha", compartiendo cuadros en sus respectivos comités.
En el presente, Cepeda ha intentado distanciar su imagen de la violencia física, citando a Gandhi y adoptando camisas estilo Nehru. Sin embargo, existen cuestionamientos sobre su pasado. Una carta pública de Camilo García Giraldo sugiere que Cepeda habría integrado un comité semi-clandestino destinado a investigar "personas incómodas" o críticas de las Farc para informar al secretariado de la guerrilla. Cepeda ha negado estas acusaciones, calificándolas de calumnias. Asimismo, el candidato ha admitido haber visitado "Casa Verde", el comando central de las Farc, alegando que mantenía discusiones críticas con sus líderes.
Otro punto de controversia es su papel en el proceso de paz de La Habana. Fuentes cercanas al proceso indican que, aunque no formaba parte de la delegación oficial del gobierno, Cepeda tenía una influencia considerable sobre los negociadores y una línea directa con jefes guerrilleros como Iván Márquez. Además, su nombre apareció en los archivos de alias Raúl Reyes coordinando movilizaciones, dato que la Interpol confirmó como no alterado, a pesar de que Cepeda sostiene que su nombre fue "sembrado".
En el ámbito legislativo, su trayectoria de 16 años se ha centrado casi exclusivamente en los derechos humanos, la parapolítica y la paz, destacándose su prolongada batalla jurídica contra el expresidente Álvaro Uribe. No obstante, este enfrentamiento ha estado salpicado de polémicas, como las denuncias sobre presuntos pagos mensuales a testigos como Juan Guillermo Monsalve.
Actualmente, el candidato del Pacto Histórico es percibido como una figura hermética. Ha evitado debates públicos sobre temas técnicos, como economía, infraestructura o política monetaria, lo que ha generado dudas sobre su profundidad en materias ajenas al conflicto armado. Asimismo, mantiene en reserva los detalles de su salud, habiendo superado dos batallas contra el cáncer. Mientras su estrategia se basa en la búsqueda de una hegemonía moral y cultural, el país se prepara para evaluar si este perfil, disciplinado y dogmático, es apto para la presidencia.





