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Investigación de la UdeC revela factores clave en la evolución social de los roedores

El estudio, nacido en la Universidad de Concepción, usó dos grupos de roedores como modelos -los batiérgidos y los caviomorfos- para evaluar las hipótesis de la monogamia y el índice de aridez como elementos que empujan la sociabilidad.

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Investigación de la UdeC revela factores clave en la evolución social de los roedores

Una investigación doctoral desarrollada en la Universidad de Concepción (UdeC) ha arrojado luz sobre uno de los misterios más complejos de la biología evolutiva: cómo surgen las formas de organización social más avanzadas en los animales. El estudio, liderado por la Dra. Daniela Lazo Cancino, graduada del Doctorado en Sistemática y Biodiversidad de la institución, se centró en analizar el rol de la monogamia y las condiciones ambientales áridas en la evolución de sistemas sociales altamente cooperativos en mamíferos.

El trabajo científico fue publicado en Evolution, una de las revistas más prestigiosas en el campo de la biología evolutiva. Para llevar a cabo este análisis, el equipo de investigación utilizó como modelos a dos grupos de roedores: los batiérgidos, originarios de África, y los caviomorfos, provenientes de Sud y Centroamérica. El objetivo principal fue evaluar si la monogamia y el índice de aridez actúan como elementos que impulsan la sociabilidad en estas especies.

Uno de los puntos centrales de la tesis fue el estudio de la eusocialidad, un comportamiento social altamente cooperativo que funciona como una estrategia para la supervivencia del grupo y la preservación de sus genes. Según explicó la especialista, la eusocialidad se caracteriza por la existencia de una única hembra reproductora, denominada reina, una organización del trabajo dividida por castas y la coexistencia de dos o más generaciones dentro de la descendencia.

Aunque este nivel de organización es común en insectos como las hormigas y las abejas, es extremadamente raro en vertebrados. De hecho, el estudio destaca que solo se conocen dos casos en mamíferos: la rata topo desnuda (Heterocephalus glaber) y la rata topo de Damaraland (Fukomys damarensis). Ambas pertenecen a la familia de los batiérgidos, un grupo de roedores subterráneos de la África subsahariana que comprende más de veinte especies.

Para analizar este fenómeno, el equipo puso a prueba la hipótesis del biólogo evolutivo neerlandés Jacobus Boomsma, quien propone que la monogamia de por vida es un requisito indispensable para que surja la eusocialidad en los insectos. Enrique Rodríguez Serrano, académico de Zoología de la UdeC y tutor de la tesis, señaló que el trabajo es especialmente interesante porque aborda una hipótesis reciente, de la primera década de los años 2000, buscando comprender un comportamiento que es excepcionalmente raro entre los mamíferos.

Para reconstruir la historia evolutiva de las ratas topo, la Dra. Lazo utilizó bases de datos especializadas en información genética, permitiéndole elaborar una suerte de árbol genealógico que se remonta hasta 23 millones de años. A través de este proceso, la investigadora pudo estimar los caracteres de sociabilidad de los ancestros —si eran solitarios, sociales o eusociales— y sus sistemas de apareamiento, distinguiendo entre la monogamia y la poligamia.

Los resultados obtenidos indican que, si bien la monogamia estuvo presente en los ancestros de las ratas eusociales y en otras formas de vida comunitaria del grupo, no es el factor determinante por sí solo. El estudio estableció que la monogamia es una condición necesaria, pero no suficiente, para explicar la evolución hacia la eusocialidad en las ratas topo africanas. Se identificó una transición frecuente de especies monógamas solitarias hacia formas de vida social, pero la eusocialidad surgió solo en casos muy limitados y de manera independiente.

Complementariamente, la investigación exploró el papel del clima, específicamente de los ambientes áridos, en la promoción de la sociabilidad. La hipótesis planteada sugiere que la aridez y la distribución no continua de los recursos en ambientes inhóspitos generarían condiciones que favorecen la cooperación. Para evaluar esto, se analizaron los caviomorfos, grupo que incluye a la chinchilla, el capibara, la cobaya y el degú.

Tras estimar los tiempos de divergencia genética y caracterizar las condiciones ambientales ocupadas por estas especies, el estudio determinó que no existe una relación significativa entre el índice de aridez y la sociabilidad. Esto sugiere que otros factores ecológicos, como la presión de los depredadores y la distribución de los recursos, podrían tener un impacto mayor en la evolución de los sistemas sociales.

El equipo de autores, que incluyó también a Natalie Cooper del Museo de Historia Natural de Londres y a Selim Musleh del Instituto de Investigación Pesquera (Ifop), concluyó que es necesario desarrollar estudios con enfoques multisectoriales. La combinación de aspectos evolutivos y ecológicos es fundamental para comprender mejor los procesos de diversificación de los sistemas sociales en los mamíferos, un camino que la Dra. Lazo espera seguir profundizando en sus futuras investigaciones.

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