La judo peruano encuentra en Hilary Lam una de sus promesas más sólidas y brillantes. A sus 19 años, la atleta ha logrado consolidar un palmarés que refleja no solo su capacidad técnica sobre el tatami, sino también una mentalidad forjada en la perseverancia y el sacrificio. Recientemente, Lam alcanzó una de sus metas más importantes al consagrarse con la medalla de oro en el Campeonato Panamericano Junior, evento celebrado en la ciudad de Guayaquil, Ecuador.
Este triunfo en territorio ecuatoriano no es un hecho aislado, sino la culminación de un proceso de crecimiento sostenido. La trayectoria de la joven judoca ya contaba con logros significativos que la posicionaban como una figura relevante en la región. Entre sus éxitos destacan dos medallas de bronce obtenidas en los Juegos Bolivarianos y una medalla de bronce en los Juegos Suramericanos, resultados que evidencian su consistencia en competencias de alto nivel.
La historia de Hilary Lam comienza en Arequipa, ciudad de donde es originaria. Su vínculo con el judo nació a través de la influencia de su padre, quien fue la puerta de entrada a este deporte. Sin embargo, los inicios no estuvieron motivados por la búsqueda de trofeos, sino por una necesidad personal de superación. Lam relató que ingresó a la disciplina buscando aprender defensa personal, ya que en aquel entonces se percibía a sí misma como una persona débil, tanto en el aspecto físico como en el mental.
Ese punto de partida se transformó con el tiempo en una fuente de fortaleza. Para alcanzar el nivel competitivo actual, la deportista tuvo que enfrentar retos que trascendieron lo deportivo. En el año 2023, se trasladó a Lima para establecer su residencia y centrar sus entrenamientos, pero el camino hacia la capital comenzó mucho antes. A los 16 años, Lam tomó la difícil decisión de dejar su provincia y mudarse sola a Lima con el objetivo único de perseguir su sueño de integrarse a la selección nacional.
Este periodo de transición fue, según sus propias palabras, uno de los momentos más difíciles de su vida. La distancia con su familia la obligó a desarrollar una independencia prematura y a aprender a gestionar la presión, tanto en el ámbito social como en el deportivo. Este proceso de adaptación fue fundamental para moldear su carácter, permitiéndole desarrollar la disciplina y la resiliencia necesarias para competir al más alto nivel. La atleta sostiene que estas experiencias personales fueron las que la hicieron más fuerte y prepararon el terreno para sus victorias actuales.
En cuanto al respaldo institucional, Hilary Lam ha destacado el apoyo recibido por parte de la dirigencia de su Federación. Según la judoca, la entidad se ha encargado de su formación deportiva y de asegurar la preparación adecuada para cada uno de los campeonatos en los que participa. Entre los beneficios resaltados se encuentra la provisión del albergue donde los deportistas se concentran para sus entrenamientos. Asimismo, hizo una mención especial a la presidenta de la federación, María Martínez, describiéndola como una persona muy dedicada al bienestar y desarrollo de los deportistas.
Mirando hacia el futuro, la sed de gloria de Lam permanece intacta. Si bien celebra sus bronces bolivarianos y suramericanos, así como su oro panamericano, sus aspiraciones están puestas en metas aún más ambiciosas. La judoca tiene como objetivo principal ganar una medalla en los Juegos Panamericanos Lima 2027, aprovechando la ventaja de competir en su propio país. Más allá de ello, su visión a largo plazo incluye la clasificación a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y a los de Brisbane 2032.
En el corto plazo, la atleta se prepara para enfrentar nuevos desafíos. A finales de este mes, participará en la Copa Panamericana que se llevará a cabo en Perú, evento para el cual se siente plenamente preparada para dar su máximo esfuerzo y buscar la victoria. Además, mantiene en su horizonte el Grand Prix, reconocido como uno de los torneos más importantes y exigentes del judo mundial.
Hilary Lam se siente hoy más consolidada en su categoría y emocionada por los retos venideros. Su evolución desde aquella joven que buscaba defensa personal hasta convertirse en una campeona panamericana es el testimonio de que el sacrificio y la preparación constante son la base del éxito deportivo.






