La situación del transporte y la movilidad urbana en la ciudad de Ica atraviesa un momento crítico, marcado por una aplicación selectiva de las normativas municipales que ha generado malestar entre los ciudadanos y conductores. Actualmente, la Gerencia de Transportes y Movilidad Urbana de la municipalidad de Ica ha centrado sus esfuerzos operativos casi exclusivamente en el cumplimiento de las ordenanzas sobre zonas rígidas en puntos muy específicos del centro urbano. Estos operativos se han concentrado estrictamente en la primera cuadra de la calle Ayacucho y en la primera cuadra de la calle Castrovirreyna, sectores donde el flujo vehicular se ve severamente afectado por el estacionamiento indebido y el flujo descontrolado de vehículos.
En estas zonas intervenidas, se ha identificado que los embotellamientos son producidos principalmente por la presencia masiva de combis, mototaxis y vehículos colectivos, los cuales suelen ignorar las restricciones de parada y estacionamiento, obstruyendo el paso y complicando la transitabilidad para el resto de los usuarios. Para mitigar este problema, la municipalidad ha desplegado un trabajo preventivo que se basa en la coordinación interinstitucional. Este esfuerzo conjunto involucra la participación activa de los inspectores de tránsito pertenecientes a la Gerencia de Transportes, quienes trabajan de la mano con el cuerpo de la Policía de Tránsito. Todo este despliegue operativo es coordinado y supervisado directamente por la jefa de inspectores, Milagros Murgueytio, quien lidera las acciones para intentar restablecer el orden en las cuadras mencionadas.
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos en estos dos puntos específicos, existe una denuncia creciente sobre el descuido de otras arterias viales que presentan problemáticas de tránsito idénticas o incluso más graves. Mientras la atención se concentra en la primera cuadra de Ayacucho y Castrovirreyna, diversas calles del centro han quedado en el olvido administrativo y operativo. Entre los puntos más críticos donde se registra el mismo problema de congestión vehicular se encuentran la segunda cuadra de la calle Lima, la primera cuadra de la Avenida San Martín, la primera cuadra de la calle Independencia, la primera cuadra de J.J. Elías y la primera cuadra de la calle Callao. Asimismo, se reporta que la segunda cuadra de la calle Castrovirreyna también sufre la misma falta de control.
La gravedad de la situación en estas zonas descuidadas radica en que ya no funcionan simplemente como vías de tránsito, sino que han sido convertidas, de manera fáctica, en cocheras improvisadas, zonas de descarga de mercadería o playas de estacionamiento permanentes. En estas arterias, todo tipo de vehículos se estacionan sin restricción alguna, lo que reduce el espacio disponible para la circulación y ocasiona una congestión vehicular permanente que afecta la calidad de vida de los residentes y la eficiencia del comercio local.
Un aspecto alarmante es que el colapso del tránsito no se limita exclusivamente a las horas punta, que es cuando normalmente se esperaría un incremento en el flujo de autos. El problema se manifiesta en diversas horas del día, evidenciando una falta crónica de presencia policial y de fiscalización municipal constante. Esta ausencia de autoridad permite que el desorden se normalice durante toda la jornada laboral.
Finalmente, la efectividad de las intervenciones municipales ha sido puesta en duda, ya que los operativos son percibidos como acciones pasajeras. Se ha descrito que estas medidas son solamente flor de un solo día, lo que significa que el control es intenso durante unas pocas horas o días, pero desaparece rápidamente. Esta intermitencia ha provocado que los transportistas y conductores locales pierdan el respeto por la autoridad, llegando al punto de burlarse abiertamente de las ordenanzas municipales, ya que saben que la fiscalización no es sostenible en el tiempo ni se extiende a todas las zonas afectadas.





