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De Marte a la Tierra: investigadores chilenos y australianos usan tecnología espacial para combatir la sequía

Científicos chilenos estudian plantas “espaciales” para enfrentar sequías, calor extremo y crisis hídrica en Chile.

De Marte a la Tierra: investigadores chilenos y australianos usan tecnología espacial para combatir la sequía

En una alianza científica que busca trascender las fronteras terrestres para resolver problemas críticos en el campo, investigadores chilenos y australianos trabajan conjuntamente en el desarrollo de tecnologías inspiradas en la agricultura espacial. El objetivo central de esta colaboración es diseñar cultivos que presenten una mayor resistencia al calor extremo, la sequía y el estrés hídrico, aplicando soluciones diseñadas originalmente para futuras misiones humanas hacia la Luna y Marte en la agricultura actual de la Tierra.

Lo que hoy se investiga bajo la premisa de colonizar otros planetas o establecer bases en superficies extraterrestres podría convertirse en una herramienta fundamental para enfrentar la crisis climática que afecta a Chile. Los científicos nacionales se enfocan en desarrollar tecnologías capaces de adaptar las plantas a condiciones extremas, similares a las que se encontrarían en el espacio, con el fin de generar variedades vegetales más resilientes frente al cambio climático.

Esta investigación es liderada por el Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF), en conjunto con la Universidad de Melbourne, situada en Australia. En este marco, el investigador chileno Dr. Guillermo Toro ha participado en una serie de experimentos diseñados para comprender la reacción de las plantas cuando son sometidas a condiciones críticas, replicando los entornos de los sistemas cerrados de cultivo que se requerirían en misiones espaciales.

El proyecto cuenta además con la participación del académico chileno-australiano Dr. Sigfredo Fuentes y se integra al programa internacional ARC Centre of Excellence in Plants for Space (P4S). Esta red científica es un ecosistema complejo que agrupa a diversas universidades, agencias espaciales y empresas tecnológicas, todas orientadas a diseñar sistemas autónomos de producción vegetal.

La base teórica de este trabajo reside en los Sistemas de Soporte Vital Bioregenerativo (BLSS), los cuales serán indispensables en cualquier misión humana prolongada a Marte o la Luna. En estos sistemas, las plantas no son solo una fuente de alimento, sino que cumplen roles vitales: producir oxígeno, generar nutrientes y reciclar el agua. Sin embargo, la fragilidad de estos entornos es extrema; cualquier variación mínima en la ventilación, la humedad o la temperatura puede comprometer la supervivencia de los cultivos.

Precisamente, este escenario de vulnerabilidad y estrés ambiental se asemeja cada vez más a la realidad que viven los agricultores en Chile. El país atraviesa un proceso de megasequía, olas de calor recurrentes y una disminución drástica de las precipitaciones. Estas condiciones han forzado a la comunidad científica y a los productores agrícolas a buscar herramientas avanzadas que permitan detectar el estrés hídrico en las plantas antes de que los daños sean visibles al ojo humano.

Sobre este punto, los estudios realizados por el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) confirman que la zona centro-sur de Chile enfrenta una baja sostenida en las lluvias y una mayor frecuencia de sequías prolongadas, un fenómeno que pone en riesgo directo la producción agrícola nacional.

Para abordar este desafío, el proyecto ha implementado herramientas tecnológicas de vanguardia. Uno de los experimentos más destacados es el uso del Clinostato 2D, una plataforma rotatoria diseñada para simular condiciones de microgravedad. A través de este dispositivo, los científicos estudian cómo se alteran la arquitectura, la fisiología y el crecimiento de las plantas cuando la referencia gravitacional cambia.

Asimismo, la investigación emplea cámaras multiespectrales. Estas herramientas permiten capturar información que es invisible para los humanos, detectando variaciones en el vigor vegetal, los pigmentos y la capacidad de fotosíntesis mucho antes de que aparezcan los síntomas físicos de estrés en la planta. A esto se suma la implementación de sensores químicos denominados narices electrónicas o e-nose, que identifican compuestos orgánicos volátiles emitidos por los vegetales. El objetivo es que, mediante el uso de inteligencia artificial, estos sistemas puedan emitir alertas tempranas sobre déficit hídrico o problemas sanitarios.

El Dr. Sigfredo Fuentes destacó la magnitud de este enfoque al afirmar que el solo hecho de pensar en agricultura en el espacio, o en crecer cultivos en microgravedad, es más allá de pensar fuera de la caja; es pensar fuera del planeta.

Finalmente, el proyecto avanza hacia la creación de gemelos digitales de los cultivos. Se trata de modelos virtuales que integran datos de sensores ambientales, imágenes y variables fisiológicas para predecir problemas en tiempo real y optimizar la toma de decisiones sobre el manejo agrícola y el riego. Esta colaboración entre el CEAF y la Universidad de Melbourne busca consolidar plataformas de agricultura digital y formar nuevos investigadores, aumentando así la resiliencia de las hortalizas y frutales en Chile frente a un paisaje agrícola que continúa siendo transformado por el cambio climático.

Esta nota fue producida por la redacción de Noticias.lat: verificamos la información en fuentes públicas y la reescribimos con nuestro criterio editorial. No republicamos textos de terceros.

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