En la ciudad de Barranquilla, el neurocirujano Nadin Abdalá lidera una iniciativa médica y social que busca transformar radicalmente la manera en que se trata la epilepsia en Colombia. El objetivo central de su labor es derribar la creencia generalizada de que un diagnóstico de epilepsia representa una sentencia de por vida, una percepción que ha afectado a miles de pacientes en el país durante años. A través de una apuesta enfocada en la cirugía de epilepsia, la neurooncología y la atención especializada para enfermedades neurológicas complejas, Abdalá trabaja para ofrecer alternativas reales de cura y mejora en la calidad de vida.
El doctor Abdalá cuenta con un respaldo académico y profesional significativo. En 2023, fue premiado por la Academia Americana de Neurología gracias a su contribución en el desarrollo de una técnica mínimamente invasiva para el tratamiento de tumores cerebrales. Su formación especializada en neurocirugía, cirugía de epilepsia y tumores cerebrales lo ha posicionado como una de las voces jóvenes más relevantes en la región Caribe para el manejo de patologías cerebrales, atendiendo tanto a pacientes pediátricos como adultos.
Más allá de su labor técnica en el quirófano, el especialista se ha propuesto cerrar una brecha marcada por el desconocimiento y la estigmatización. En una entrevista con EL HERALDO, Abdalá reveló un dato alarmante sobre la situación actual de la salud neurológica: aproximadamente el 50 % de los pacientes con epilepsia podrían ser candidatos a un procedimiento curativo, sin embargo, el 99 % de ellos ignora esta posibilidad. Esta cifra pone de manifiesto que el problema no es solo la enfermedad, sino la falta de información, la cual persiste incluso dentro del gremio médico respecto a la efectividad de los programas de cirugía de epilepsia.
El impacto de este desconocimiento es devastador para los pacientes. Muchos de ellos acuden a consulta después de haber pasado años o décadas sufriendo crisis recurrentes, lo que deriva en un aislamiento social profundo y un deterioro progresivo de su calidad de vida. Abdalá describe casos de personas que sufren entre 5 y 20 crisis diarias, una frecuencia que anula cualquier posibilidad de desarrollo laboral, académico o social. Incluso existen profesionales y personas plenamente funcionales que terminan confinadas en sus hogares por el temor constante a sufrir una convulsión en espacios públicos. No obstante, el médico enfatiza que, tras ser intervenidos quirúrgicamente, estos pacientes logran recuperar su independencia y reintegrarse a sus actividades habituales.
Para lograr estos resultados, el neurocirujano impulsa en Barranquilla el uso de la estereoelectroencefalografía. Esta técnica avanzada permite localizar con precisión milimétrica el foco donde se originan las crisis epilépticas mediante la introducción de múltiples electrodos en el cerebro para rastrear la actividad eléctrica anormal. Abdalá utiliza la analogía de un GPS para explicar el proceso: buscar el foco epiléptico es como intentar localizar una cartera perdida en un barrio extenso; se sabe que está en el sector, pero no en qué calle exacta. La estereoelectroencefalografía indica el punto preciso del problema, permitiendo al equipo médico evaluar si dicha región puede ser intervenida de manera segura.
En cuanto a los resultados, el especialista distingue entre cirugías curativas, donde se reseca el foco epiléptico, y cirugías paliativas, utilizadas cuando no es posible eliminar el origen pero sí reducir significativamente las crisis. Según Abdalá, cerca del 70 % de los pacientes sometidos a cirugía curativa quedan libres de crisis, cifra que asciende hasta 9 de cada 10 pacientes en los casos de epilepsias del lóbulo temporal.
Con el fin de escalar este impacto, el médico y un grupo de especialistas fundaron el Instituto de Epilepsia y Neuro-Oncología, proyecto que aspira a consolidarse como el programa de cirugía de epilepsia más grande de la Costa Caribe. Esta iniciativa integra un fuerte componente social a través de una plataforma virtual gratuita. En este espacio, los pacientes pueden realizar el seguimiento de sus crisis, mantener contacto directo y permanente con especialistas, recibir orientación sobre alimentación y medicamentos, y acceder a redes de apoyo familiar y laboral. Además, la plataforma ofrece asesoría legal para aquellos pacientes que enfrentan demoras en la prestación de servicios por parte de las EPS.
Finalmente, Abdalá señala que este proyecto es una respuesta a la falta de implementación efectiva de la Ley 1414 de 2010, conocida como la Ley de Epilepsia, la cual ordena una atención diferencial y seguimiento para estos pacientes. Ante la inacción del Estado, el neurocirujano sostiene que han decidido asumir esta responsabilidad, definiendo el Instituto no solo como un proyecto comercial, sino como una misión social para saldar una deuda histórica con los pacientes epilépticos en Colombia.






