Ciudad de Panamá, Panamá – El Domingo de Ramos en Panamá se vivió este día como un vibrante mosaico de tradiciones religiosas y culturales, desplegándose a lo largo y ancho del país con manifestaciones únicas en cada región. Desde la solemnidad del Casco Antiguo en la capital, pasando por la arraigada costumbre de Parita en Herrera, hasta la expresión comunitaria de Santiago en Veraguas, la fe se manifestó en diversas formas, todas convergiendo en la conmemoración de la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén.
En el Casco Antiguo, las estrechas calles adoquinadas fueron escenario de una procesión encabezada por niños ataviados con túnicas blancas y caperuzas rojas, portando palmas benditas. El sonido de las bandas musicales acompañó el recorrido de un imponente anda, cargada por decenas de fieles, en la que una representación escultórica de Jesucristo evocaba su entrada en Jerusalén. La imagen, elaborada en Sevilla, España, conocida como “La Borriquita”, incluye a Jesús, el burro, figuras infantiles y adultas, y una palmera, elementos que recrean el pasaje bíblico. La estructura, fabricada en Portugal, requirió de entre 60 y 65 personas para ser transportada mediante varales de madera. La procesión partió de la iglesia de La Merced y culminó en la Catedral Basílica Santa María La Antigua, con una notable participación infantil. Según el párroco Fray Javier Mañas, la adición del anda en los últimos años ha incrementado el impacto y la participación popular en la celebración.
A cientos de kilómetros de distancia, en Parita, provincia de Herrera, familias enteras pasaron la noche en vela, dedicadas a cantos, la elaboración de guarapo y rezos, en anticipación a la salida de “Papachú”, la representación de Jesús triunfante. Con el amanecer, niñas vestidas con trajes tradicionales esparcieron flores de caracucha mientras “Papachú” recorría las calles, creando un ambiente impregnado de cantos, el repique de campanas y el aroma de las flores. Azael Batista, miembro del Consejo Económico de la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán de Parita, explicó que las familias conservan las palmas benditas en sus hogares como símbolo de protección, colocándolas en puertas, camas o cunas. “Las personas lo esperaban porque ansiaban verlo, lo recibieron como un rey”, afirmó Batista, destacando que estas palmas, un año después, se transforman en ceniza para el Miércoles de Ceniza, cerrando el ciclo litúrgico.
En Santiago, provincia de Veraguas, la comunidad se movilizó desde la madrugada para levantar la estructura conocida como “puerta en tierra”, que simboliza la entrada de Jesús a Jerusalén y se convirtió en el punto central de la procesión local. Las actividades iniciaron con la bendición de los ramos en la calle Jesús Triunfante, seguida de una procesión que culminó en la Catedral Santiago Apóstol con la celebración de la Eucaristía. Como novedad, se incorporó el “Domingo de Ramitos”, una actividad dirigida a niños en el Parque de la Amistad, buscando fomentar la participación de las nuevas generaciones.
El Domingo de Ramos, que marca el inicio de la Semana Santa, conmemora la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén, un episodio central de los evangelios. Según la tradición bíblica, Jesús fue recibido por una multitud que lo aclamaba como rey, extendiendo mantos y agitando ramas de palma a su paso. Este acontecimiento tiene un profundo significado dentro de la Iglesia Católica, anticipando los momentos centrales de la Pasión, el sufrimiento, la muerte y la resurrección de Jesús.
A pesar de las diferencias regionales en la forma de celebrar, el Domingo de Ramos en Panamá revela la riqueza cultural y religiosa del país, donde la fe se manifiesta a través de diversas tradiciones. En Parita, la celebración se remonta a finales del siglo XVIII, con la construcción de una capilla dedicada a Jesús Triunfante alrededor de 1860, reforzando su valor histórico y religioso. La organización de la festividad es colectiva, involucrando a familias y devotos en la logística, el cuidado de la imagen y la preparación de la celebración, lo que refuerza su identidad comunitaria. En Santiago, la construcción del “puerto en tierra” con palma real desde las 4 de la madrugada es un distintivo de la celebración local.
La participación juvenil ha ido en aumento en todas las regiones, especialmente en actividades como dramatizaciones y labores logísticas, contribuyendo a garantizar la continuidad de la festividad. Para los habitantes de Parita, esta celebración es considerada una de las más emotivas del año, un espacio de encuentro, identidad y transmisión de valores que ha perdurado por generaciones.
Más allá de los elementos rituales, el Domingo de Ramos cobra vida a través de sus protagonistas. En el Casco Antiguo, los niños ocupan un lugar central, participando como cofrades en una iniciativa que busca involucrar a las nuevas generaciones. En Parita, la celebración es considerada “la tarde más bonita”, destacando la entrega de la comunidad. A pesar de su arraigo, la celebración ha incorporado cambios con el tiempo, como la diversificación de bebidas durante la vigilia y ajustes en los materiales utilizados en vestuarios y decoraciones, sin alterar el sentido devocional.
El Domingo de Ramos en Panamá no es una celebración uniforme, sino un mosaico de expresiones en el que la fe se entrelaza con la identidad local. Desde las calles coloniales del Casco Antiguo hasta las tradiciones centenarias de Parita y la ciudad de Santiago, cada región aporta su propia forma de vivir la entrada triunfal de Jesús, reafirmando el vínculo entre fe, cultura y sentido de pertenencia.






