A pesar de ser el motor turístico de Costa Rica, Guanacaste se encuentra en una paradoja alarmante: un desarrollo económico floreciente que no se traduce en una mejora significativa en las condiciones de vida de sus habitantes. La provincia, junto con Limón y Puntarenas, persiste como una de las más pobres del país, evidenciando una profunda desigualdad social que exige una reflexión urgente y acciones concretas.
El auge turístico, con la proliferación de hoteles de lujo y un crecimiento urbanístico acelerado, ha contribuido al Producto Interno Bruto nacional, pero ha dejado atrás a gran parte de la población local. La riqueza generada no ha permeado de manera efectiva en la reducción de la pobreza y la desigualdad, creando una brecha cada vez mayor entre quienes se benefician del turismo y quienes luchan por satisfacer sus necesidades básicas.
Voces de alerta se han alzado en los últimos años, señalando problemas críticos como el abastecimiento de agua potable y el deterioro del medio ambiente. La sostenibilidad del modelo turístico actual se pone en tela de juicio, ya que la sobreexplotación de los recursos naturales amenaza el futuro de la región. Es imperativo que las entidades públicas encargadas de la fiscalización realicen estudios exhaustivos y presenten recomendaciones claras para mitigar estos impactos negativos.
La situación de Guanacaste demanda una política social de inclusión integral, que vaya más allá de las medidas paliativas y se centre en la ampliación de las capacidades de todos los ciudadanos, especialmente de los más desfavorecidos. Se requiere una diversificación de la economía, que no dependa exclusivamente del turismo y la agricultura, y que promueva la creación de oportunidades para que cada persona pueda desarrollar su potencial y progresar por su propio esfuerzo.
Las propuestas planteadas en la Cumbre de las Américas ofrecen un camino a seguir. El fortalecimiento de las cooperativas, las micro, pequeñas y medianas empresas, las industrias culturales y las iniciativas de economía popular son herramientas clave para impulsar un crecimiento económico con equidad e inclusión social. La innovación y la competitividad también juegan un papel fundamental en la creación de empleos de calidad y en la mejora de los ingresos de la población.
El gobierno actual ha reconocido la problemática y ha puesto en marcha proyectos destinados a mejorar la situación social y económica de Guanacaste. El proyecto “Agua para la Bajura” se presenta como una solución crucial para la escasez de agua que afecta a la región, un problema que ha obstaculizado el desarrollo y ha generado conflictos socioambientales.
Con una inversión total que supera los 673 millones de dólares, financiados principalmente por el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y el Estado, este proyecto busca garantizar el acceso al agua potable para la población, impulsar el desarrollo turístico y agrícola, y mejorar la calidad de vida de los habitantes de Guanacaste. Se espera que la construcción de la presa y el embalse comiencen en 2026, y que en 2030 se resuelvan los problemas de agua en la región.
El proyecto “Agua para la Bajura” se compone de cuatro componentes principales: la construcción de una presa y un embalse para almacenar agua, la modernización de los acueductos rurales (ASADAS), la implementación de sistemas de riego eficientes y la protección de las fuentes de agua. La inversión en infraestructura hídrica es una prioridad urgente, ya que la escasez de agua genera desigualdad, conflictos y vulnerabilidad climática.
La Universidad de Costa Rica ha enfatizado la importancia clave de solucionar el problema del agua en Guanacaste, destacando la necesidad de implementar soluciones integrales que incluyan la protección de los ecosistemas y el uso eficiente de los recursos hídricos. La sostenibilidad a largo plazo de la región depende de la gestión responsable del agua y de la adopción de prácticas que minimicen el impacto ambiental.
Sin embargo, el proyecto “Agua para la Bajura” no es una solución mágica. Es fundamental que se complemente con otras medidas que aborden las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad en Guanacaste. Se requiere una inversión en educación, salud, vivienda y transporte, así como el fomento de la participación ciudadana y el fortalecimiento de las instituciones locales.
Además, es necesario promover un turismo más sostenible y responsable, que beneficie a las comunidades locales y que respete el medio ambiente. Se deben impulsar iniciativas que fomenten el emprendimiento local, la producción de bienes y servicios de calidad, y la diversificación de la economía.
La situación de Guanacaste es un llamado a la reflexión para todo el país. No podemos permitir que el desarrollo económico se produzca a costa del bienestar social y ambiental. Es hora de construir un modelo de desarrollo más justo, equitativo y sostenible, que garantice un futuro próspero para todos los costarricenses. La provincia, con su belleza natural y su potencial turístico, merece una oportunidad para alcanzar su pleno desarrollo, sin dejar a nadie atrás. El desafío es grande, pero no insuperable. Con voluntad política, inversión estratégica y participación ciudadana, Guanacaste puede convertirse en un ejemplo de desarrollo sostenible para Costa Rica y para el mundo.






