La reciente tragedia aérea que sacudió a Bolivia ha expuesto una preocupante erosión de los valores fundamentales de la sociedad, advierte el periodista Carlos Hugo Molina en un análisis publicado hoy por Ágora Republicana. Más allá del dolor por la pérdida de vidas, el accidente ha desnudado actitudes de oportunismo, intolerancia y una alarmante falta de empatía que amenazan con sumir al país en una espiral de incomodidad y confrontación.
Molina, un veterano observador de la vida política y social boliviana, señala que la respuesta a la tragedia, particularmente en las áreas cercanas al lugar del impacto en El Alto, ha estado marcada por comportamientos que rayan en la violencia torpe y la estupidez colectiva. En lugar de priorizar la asistencia a los heridos y el respeto por los fallecidos, se han visto escenas de saqueo y una preocupante priorización de la ganancia material sobre la vida humana.
“Despreciando la propia vida frente al riesgo de una explosión por el combustible de la aeronave, y en medio de los cadáveres y los heridos, la priorización material por el dinero, es algo que no podemos ignorar ni soslayar”, escribe Molina. Esta observación no busca criminalizar la pobreza, sino denunciar una preocupante deshumanización que se manifiesta en momentos de crisis.
Pero la crítica de Molina no se limita a las acciones individuales. El periodista también denuncia el papel de la comunicación pública en la exacerbación de la intolerancia y la difusión de información falsa. Señala que declaraciones irracionales y acusaciones sin fundamento, como las que afirman que el gobierno está desviando fondos de El Alto a Santa Cruz, se han propagado sin filtro ni edición, convirtiéndose en una “verdad social” que alimenta la división y el resentimiento.
“Declaraciones irracionales (“el gobierno está sacando la plata de El Alto”, “se están llevando la plata a Santa Cruz”) dichas junto al escenario dantesco, sin ningún filtro, edición y repetidas como “verdad social”, reiteran la inquietud sobre el uso de la comunicación pública como espacio para el morbo que desconoce la dignidad y desvaloriza lo privado y el sentido común”, detalla el análisis.
Molina argumenta que esta situación es un síntoma de una profunda crisis de gobernabilidad, confianza y respeto mutuo que afecta a la sociedad boliviana. La falta de cohesión social, según el periodista, está erosionando la autoestima y la tolerancia, creando un ambiente propicio para la polarización y la violencia.
El autor no ofrece soluciones fáciles ni milagrosas. Reconoce que la reconstrucción de la cohesión social es un proceso largo y complejo que requiere un esfuerzo colectivo y sostenido. Sin embargo, insiste en la importancia de la educación como herramienta fundamental para combatir la intolerancia y promover el respeto por los demás.
“Estoy hablando de educación, elemental, básica”, enfatiza Molina. Esta educación no se limita a la transmisión de conocimientos académicos, sino que debe incluir la formación en valores como la empatía, la solidaridad, la responsabilidad y el respeto por la diversidad.
La advertencia de Molina llega en un momento crítico para Bolivia, un país que ha experimentado en los últimos años una creciente polarización política y social. La tragedia aérea, en lugar de unir a la sociedad en el dolor y la solidaridad, ha exacerbado las tensiones existentes y ha puesto de manifiesto la fragilidad de los lazos que unen a los bolivianos.
El análisis de Ágora Republicana plantea preguntas incómodas sobre la identidad y los valores de la sociedad boliviana. ¿Hemos perdido la capacidad de sentir empatía por el sufrimiento ajeno? ¿Estamos dispuestos a sacrificar la dignidad humana en aras de la ganancia material? ¿Cómo podemos reconstruir la confianza y el respeto mutuo que son esenciales para una convivencia pacífica y próspera?
La respuesta a estas preguntas, según Molina, no es sencilla. Requiere un profundo ejercicio de autocrítica y un compromiso firme con la educación y la promoción de los valores fundamentales de la sociedad. De lo contrario, Bolivia corre el riesgo de caer en una espiral de intolerancia y violencia que podría tener consecuencias devastadoras.
El llamado a la reflexión de Molina resuena con fuerza en un país que necesita urgentemente sanar sus heridas y reconstruir su tejido social. La tragedia aérea ha sido un duro recordatorio de la fragilidad de la vida humana y de la importancia de la empatía y la solidaridad. Ahora, la sociedad boliviana tiene la oportunidad de aprender de esta experiencia y de construir un futuro más justo, tolerante y respetuoso para todos. La tarea no será fácil, pero es esencial para garantizar la estabilidad y el progreso del país. La reconstrucción de la cohesión social, como bien señala Molina, es una tarea que nos compete a todos.





