Un turista francés de 35 años perdió la vida el lunes en la zona de alta montaña de Tunuyán, Mendoza, mientras realizaba una travesía en el Cajón de Arenales, una región de belleza agreste ubicada más allá del Refugio Portinari. El incidente ha reabierto el debate sobre la seguridad y la preparación necesaria para aventurarse en los desafiantes paisajes de la cordillera mendocina, sumándose a una preocupante serie de tragedias similares en distintas regiones del país.
El fallecido, identificado como Joel Oliver, se encontraba realizando una caminata cuando sufrió una descompensación. La rápida actuación de su acompañante fue crucial para activar el protocolo de emergencia, pero la ubicación remota y de difícil acceso complicó las tareas de rescate. Un despliegue masivo de efectivos de Gendarmería Nacional Argentina, personal de la Subcomisaría Manzano Histórico, guardaparques, integrantes de la Unidad Patrulla de Rescate de Alta Montaña (UPRAM), Bomberos y Policía Turística fue necesario para llegar hasta el excursionista. La coordinación interinstitucional fue fundamental, dada la complejidad del terreno y la distancia involucrada.
Las primeras evaluaciones médicas sugieren que Oliver pudo haber sufrido un edema pulmonar, una condición grave que se presenta a gran altitud y que dificulta la respiración. Sin embargo, las autoridades judiciales han iniciado una investigación para determinar la causa exacta de su muerte, aguardando los resultados de las pericias pertinentes. Aunque la hipótesis inicial apunta a causas naturales relacionadas con el esfuerzo físico y la altitud, no se descarta ninguna posibilidad.
El Cajón de Arenales es un destino popular entre los amantes del trekking y la naturaleza, conocido por sus paisajes imponentes y sus rutas exigentes. Sin embargo, su belleza esconde peligros potenciales. La altitud, los caminos angostos y las pendientes pronunciadas representan un desafío incluso para los excursionistas más experimentados. Las autoridades locales han intensificado las recomendaciones sobre la importancia de una adecuada preparación física, la aclimatación a la altura y el conocimiento del entorno antes de emprender cualquier travesía en la zona.
Este trágico suceso se suma a otro incidente ocurrido a principios de año en la provincia de Santa Cruz, donde un turista italiano de 69 años falleció durante una caminata en la senda a Laguna de los Tres, en el Parque Nacional Los Glaciares. En ese caso, la víctima sufrió un paro cardíaco en las cercanías del río Blanco, una zona igualmente exigente físicamente. A pesar de los esfuerzos por reanimarlo, incluyendo el uso de un desfibrilador externo automático (DEA) y más de 40 minutos de maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP), el hombre no pudo ser salvado.
Ambos casos ponen de manifiesto la necesidad de extremar las precauciones al realizar actividades de montaña. La alta exigencia física, la imprevisibilidad del clima y la dificultad de acceso en caso de emergencia son factores que deben ser considerados cuidadosamente. Las autoridades del Parque Nacional Los Glaciares han reiterado la importancia de tomar precauciones al recorrer senderos de alta dificultad, como el que lleva a la Laguna de los Tres, y de estar preparados para enfrentar cualquier eventualidad.
La comunidad turística local en Mendoza se encuentra consternada por la muerte de Joel Oliver. Este incidente ha generado un debate sobre la necesidad de reforzar los controles y las medidas de seguridad en las zonas de alta montaña, así como de promover una mayor conciencia entre los turistas sobre los riesgos asociados a este tipo de actividades. Se plantea la posibilidad de implementar programas de capacitación y orientación para excursionistas, así como de mejorar la señalización de los senderos y la disponibilidad de equipos de rescate.
Además, se discute la importancia de exigir a los turistas que contraten seguros de viaje que cubran los gastos de rescate y atención médica en caso de emergencia. La evacuación de un excursionista herido o fallecido en una zona remota puede ser extremadamente costosa, y muchas veces los servicios de emergencia locales deben asumir estos gastos.
Las autoridades mendocinas han anunciado que se realizará una revisión exhaustiva de los protocolos de seguridad en las zonas de alta montaña, con el objetivo de prevenir futuros accidentes. Se espera que esta revisión incluya la evaluación de la infraestructura de rescate, la capacitación del personal y la implementación de medidas para mejorar la comunicación y la coordinación entre los diferentes organismos involucrados.
La muerte de Joel Oliver es un recordatorio trágico de que la montaña es un entorno implacable que exige respeto y preparación. Los excursionistas deben ser conscientes de los riesgos que implica aventurarse en la alta montaña y tomar todas las precauciones necesarias para garantizar su seguridad. La planificación cuidadosa, la aclimatación adecuada, el conocimiento del entorno y el respeto por la naturaleza son elementos clave para disfrutar de la belleza de la cordillera mendocina sin poner en peligro la vida. La tragedia en el Cajón de Arenales debe servir como un llamado de atención para todos aquellos que se aventuran en la montaña, recordándoles que la seguridad es lo primero.






