Acapulco de Juárez, Guerrero, disfruta de un clima tropical envidiable, pero la sombra del cambio climático se cierne sobre este destino turístico icónico. Este miércoles 18 de febrero, la ciudad experimentará una temperatura máxima de 30 grados centígrados y una mínima de 22 grados, con una probabilidad de lluvia prácticamente nula (2% durante el día y 3% por la noche). La nubosidad se mantendrá baja, en un 6%, mientras que las ráfagas de viento alcanzarán los 39 kilómetros por hora durante el día y 35 kilómetros por hora en la noche. Los niveles de radiación UV serán altos, alcanzando un índice de 8, lo que exige precaución y el uso de protector solar.
Sin embargo, este clima aparentemente benigno esconde una realidad más compleja. Acapulco, bendecido por las cálidas aguas del Océano Pacífico, tiene una temperatura promedio anual de 26 grados, aunque las máximas pueden superar los 36 grados con una sensación térmica de hasta 41 grados. Las temperaturas mínimas, aunque más moderadas, rara vez descienden por debajo de los 23 grados, salvo en eventos excepcionales como la incursión de masas de aire ártico, como la que se registró en febrero de 2021, cuando el termómetro llegó a marcar los 16 grados.
La verdadera preocupación radica en la creciente amenaza de fenómenos hidrometeorológicos, especialmente durante la temporada de huracanes, que se extiende de mayo a noviembre, con agosto y septiembre como los meses de mayor riesgo. El cambio climático está intensificando estos eventos, aumentando su frecuencia e intensidad, y generando un impacto económico significativo para las empresas mexicanas.
Según datos de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), la falta de preparación ante estos fenómenos ya cuesta a las empresas mexicanas más de 25 millones de pesos diarios. Entre 2012 y 2024, se pagaron en promedio 7,591 millones de pesos anuales por siniestros relacionados con tormentas, lluvias intensas e inundaciones, lo que representa un incremento del 91% en comparación con el periodo 2001-2012.
Este panorama refleja una creciente vulnerabilidad operativa y financiera para las compañías, especialmente durante la temporada de huracanes. La Comisión Nacional del Agua (Conagua) advierte que el pronóstico para 2025 es alarmante, con una alta actividad ciclónica prevista: entre 8 y 9 tormentas tropicales, 4 o 5 huracanes de categoría 1 o 2, y hasta 6 huracanes intensos de categoría 3 o superior.
Ante esta situación, expertos como Eduardo Gutiérrez, Socio Director en Eikos, una consultora especializada en seguros y administración de riesgos, enfatizan la necesidad de reforzar tres pilares fundamentales: seguros adecuados, protocolos internos robustos y alianzas estratégicas predefinidas.
Gutiérrez advierte que una póliza de seguro no es suficiente por sí sola. Una cobertura integral frente a fenómenos hidrometeorológicos debe incluir, como mínimo, protección contra huracanes, tormentas, granizo, deslaves e inundaciones; cobertura por interrupción de actividades o pérdida de ingresos; daños a bienes en tránsito o en uso fuera de planta; gastos adicionales por reubicación temporal; remoción de escombros y limpieza; y procesos preferenciales de atención de siniestros. Además, es crucial revisar periódicamente los valores asegurados y mantener actualizadas las ubicaciones de los activos.
Un Plan de Respuesta ante Tormentas (ERP) debe abarcar cinco etapas clave: planeación anual, preparación inicial y final, respuesta durante el evento, recuperación posterior (incluyendo simulacros) y actualización constante de procedimientos. La planificación proactiva es esencial para minimizar los daños y garantizar la continuidad del negocio.
Alicia Martínez, Subdirectora de Daños, Autos y Fianzas de Eikos, subraya la importancia de los protocolos internos en la gestión de riesgos. Estos protocolos deben incluir canales de comunicación seguros, asignación clara de responsabilidades por área y mecanismos para documentar los daños de manera eficiente, lo que facilitará la gestión con las aseguradoras y reducirá el impacto en la continuidad del negocio.
El sistema de clasificación climática de Wladimir Köppen es el más utilizado para catalogar los climas del mundo, pero también existen otros sistemas, como el de Thornthwaite, que considera la diversidad biológica y los efectos del cambio climático. Otros enfoques, como los de Bergeron y Spacial Synoptic, se centran en el origen de las masas de aire que definen el clima de una región.
En última instancia, la situación en Acapulco es un microcosmos de los desafíos que enfrenta el planeta debido al cambio climático. La belleza y el atractivo turístico de la ciudad no deben eclipsar la necesidad urgente de prepararse para un futuro más incierto y de tomar medidas para mitigar los riesgos asociados a los fenómenos hidrometeorológicos. La inversión en seguros adecuados, la implementación de protocolos internos robustos y el establecimiento de alianzas estratégicas son pasos cruciales para proteger a las empresas, a la población y al futuro de este importante destino turístico mexicano. La adaptación y la resiliencia son las claves para enfrentar los desafíos climáticos que se avecinan.






