La 65 Vuelta Ciclística Internacional a Guatemala llega a su tercera etapa, proponiendo una de las jornadas más extensas y complejas desde el punto de vista táctico de todo el giro nacional. El recorrido, que abarca una distancia total de 196,6 kilómetros, ha sido diseñado para conectar el altiplano central con la región del suroccidente del país, combinando tramos de alta velocidad, condiciones climáticas exigentes y un cierre técnico que pondrá a prueba la resistencia de los ciclistas.
El pelotón iniciará su marcha en la histórica ciudad de Antigua Guatemala, en el departamento de Sacatepéquez. Desde este punto de partida, los competidores deberán enfrentar un descenso vertiginoso que los conducirá hacia el departamento de Escuintla. Esta transición desde las tierras altas hacia la planicie costera marca el inicio de una fase donde la velocidad será la protagonista, ya que el terreno llano permitirá que la caravana multicolor desarrolle un ritmo intenso.
Una vez establecida la ruta en la planicie, los ciclistas enfilarán sobre la autopista CA-2 Occidente. Este tramo es fundamental para la dinámica de la etapa, ya que atraviesa una serie de municipios clave que definen la geografía del recorrido. El trayecto llevará a los corredores por Siquinalá, Santa Lucía Cotzumalguapa, San Antonio Suchitepéquez, San Bernardino, Mazatenango, Cuyotenango y Retalhuleu. En estos sectores, la configuración del terreno es propicia para alcanzar velocidades punta que pueden superar los 50 kilómetros por hora, favoreciendo la formación de grupos compactos y el despliegue de potencia.
Sin embargo, la jornada no se limitará a la velocidad pura. El diseño de la etapa integra puntos de quiebre altimétricos específicamente planeados para romper cualquier intento de sprint masivo en los kilómetros finales. A esto se suma el factor ambiental, ya que los deportistas deberán lidiar con el calor sofocante característico de la zona costera, un elemento que obligará a los corredores a gestionar sus energías con precisión para no llegar agotados al desenlace.
La lucha por el control de la fuga y las clasificaciones secundarias estará marcada por la presencia de cinco pasos puntuables distribuidos estratégicamente a lo largo del camino, incluyendo metas volantes y premios de montaña, que añadirán tensión competitiva al desarrollo de la carrera.
El punto crítico de la jornada se encuentra en el kilómetro 180,2, donde los ciclistas deberán encarar el ascenso al Alto de La Hulera. Este paso, catalogado como de segunda categoría, representa el principal obstáculo táctico de la etapa. Su ubicación es determinante, ya que se sitúa a tan solo 16,4 kilómetros de la línea de meta en Coatepeque, Quetzaltenango.
La presencia de La Hulera altera el libreto tradicional de las etapas llanas. Aunque el kilometraje predominante invita al protagonismo de los rodadores y velocistas puros, la altimetría del cierre introduce un elemento de inestabilidad. El ascenso obligará a los aspirantes a la victoria y a los favoritos de la clasificación general a responder ante ataques explosivos, abriendo la puerta a que los clasicómanos tomen la iniciativa en el tramo final.
Para los velocistas que aspiren a levantar los brazos en la llegada a Coatepeque, el desafío será doble. Primero, deberán regular sus fuerzas mientras atraviesan el intenso calor de la costa para evitar el desgaste prematuro. Segundo, será imperativo que logren coronar el Alto de La Hulera integrados en el grupo de vanguardia; de lo contrario, perderán cualquier oportunidad de disputar el remate final debido a la naturaleza quebrada del terreno en los últimos kilómetros.
En resumen, la tercera etapa de la 65 Vuelta Ciclística a Guatemala se presenta como una prueba de resistencia y estrategia, donde la transición entre la velocidad de la autopista CA-2 y el desafío técnico de La Hulera definirá quiénes podrán imponerse en la meta de Quetzaltenango.






