En las oficinas y el entorno de Universidad Católica impera un clima de profunda molestia. El motivo del malestar es la reciente oficialización de la fecha para el partido pendiente que los cruzados deben disputar ante Audax Italiano, un encuentro que originalmente estaba programado para el pasado sábado 10 de octubre en el Claro Arena, pero que tuvo que ser suspendido debido a los aluviones que afectaron la zona de Las Condes.
La Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP), como ente rector del fútbol chileno, ha fijado el duelo reprogramado para el miércoles 28 de octubre, a disputarse en la precordillera. Esta determinación ha generado una reacción negativa en el club, ya que sitúa el partido apenas unos días antes de uno de los compromisos más relevantes del año: el clásico universitario frente a la Universidad de Chile.
Para el equipo de Daniel Garnero, esta decisión implica enfrentar un calendario extremadamente cargado de partidos determinantes, justo después de haber atravesado un periodo de un mes sin actividad competitiva. La secuencia de compromisos que deberá afrontar la institución será intensa y no dará margen al descanso. El ciclo comenzará este domingo 25 de noviembre con un enfrentamiento ante Unión La Calera, donde los cruzados deberán jugar en condición de visitante.
Apenas tres días después de ese compromiso, el miércoles 28 de octubre, Universidad Católica deberá recibir a Audax Italiano en el partido que había sido postergado. Finalmente, la seguidilla culminará el domingo 1 de noviembre, fecha en la que se llevará a cabo una nueva edición del clásico universitario ante la U, cerrando así una semana de alta exigencia física y mental para el plantel.
Según información entregada por el medio La Tercera, la dirigencia de Universidad Católica no se quedó de brazos cruzados y realizó diversas maniobras administrativas y gestiones para intentar modificar el día del encuentro con los itálicos. El club buscó activamente alternativas para evitar que el partido cayera en medio de una semana tan apretada. En este sentido, se ha confirmado que existieron contactos directos y llamados telefónicos dirigidos a Pablo Milad, presidente de la ANFP, y a Yamal Rajab, gerente de competiciones del organismo.
La propuesta concreta de la UC era que este duelo pendiente se reprogramara para el fin de semana del 15 de noviembre, aprovechando el espacio temporal que deja la fecha FIFA. De haber sido aceptada esta petición, el equipo habría contado con un margen de recuperación y preparación mucho más holgado antes de enfrentar el clásico universitario.
Sin embargo, la ANFP desestimó la solicitud del club. El argumento utilizado por el ente rector para rechazar el cambio de fecha se basa en el cumplimiento del llamado "Cuaderno de Cargos", el cual es el manual de exigencias pactado con TNT Sports, la señal encargada de la transmisión de los partidos.
De acuerdo con los términos establecidos en este documento, existe una regla clara respecto a la reprogramación de encuentros: cualquier partido que haya sido suspendido o postergado debe jugarse obligatoriamente antes de que transcurran 21 días desde su fecha original. Bajo este criterio técnico y contractual, el plazo fatal para que se disputara el choque entre los cruzados y Audax Italiano vencía el 31 de octubre. Al fijar el partido para el miércoles 28, la ANFP se mantiene dentro de los márgenes legales y contractuales del acuerdo con la televisora, aunque esto perjudique la planificación deportiva de la UC.
En este escenario, el equipo dirigido por Daniel Garnero se enfrenta a una semana crucial que podría definir gran parte del éxito de su temporada al finalizar el año. La importancia de estos tres encuentros es máxima, ya que Universidad Católica se encuentra en una lucha punto a punto contra la Universidad de Chile por obtener la posición de "Chile 2", cupo que otorga la clasificación para la próxima Copa Libertadores.
Lograr resultados positivos en esta seguidilla de partidos —contra Unión La Calera, Audax Italiano y la U— será fundamental para que los cruzados alcancen su objetivo internacional. El desafío ahora recae en el cuerpo técnico y los jugadores, quienes deberán gestionar el cansancio y la presión de un calendario impuesto que los obliga a jugar tres partidos clave en muy pocos días.






