Un aviso ciudadano fue el punto de partida para una serie de expediciones submarinas que permitieron localizar los restos de un navío mercante hundido hace más de 2.300 años. A pesar de que el paso del tiempo eliminó cualquier rastro de madera preservada de la embarcación, la cantidad de objetos encontrados en la zona proporciona información valiosa para reconstruir su trayectoria.
Uno de los hallazgos más relevantes es la presencia de diversos tipos de ánforas. Esta variedad sugiere que la carga fue recolectada en múltiples puertos y no provenía de un solo proveedor. Sobre el trayecto del barco, los expertos manejan dos hipótesis principales. Una de ellas propone que la travesía inició en Mende, realizó una escala en Peparethos y se dirigía hacia Atenas o al puerto de Pireu cuando ocurrió el hundimiento.
Como alternativa, se considera que el navío seguía una ruta comercial más amplia, que vinculaba el norte del Mar Egeo con las islas Cíclades y otras regiones del sur. No obstante, los investigadores mantienen cautela y evitan conclusiones definitivas, ya que la posición exacta del barco y la distribución completa de su carga aún no han sido determinadas.
El equipo de investigación también recuperó un fragmento del eje de plomo de una ancla y diversas piedras que podrían haber funcionado como lastre de la embarcación. Estos componentes materiales resultan esenciales, ya que permitirán analizar la estructura del navío, su capacidad de transporte y las circunstancias que llevaron al hundimiento hace más de dos milenios.
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