El próximo 12 de noviembre llegará a los cines "Perfume", una película documental sobre María Gabriela Epumer que se aleja de las convenciones de la biografía tradicional. Producida por Pensar con las Manos y Los Besos Contenidos, la obra se construye a partir de más de 50 horas de material audiovisual inédito, capturado por la propia artista entre 1995 y 2003, año en que falleció inesperadamente.
La película comienza sin placas explicativas ni nombres en pantalla, permitiendo que las imágenes hablen por sí mismas. Solo una leyenda inicial aclara que el material fue registrado por la propia Epumer y conservado intacto durante más de dos décadas por sus hermanos, Claudia y Lito. A través de su lente, el espectador recorre desde el asfalto de una autopista rumbo a Valencia hasta la serenidad de El Alcázar, pasando por la intimidad de shows en El Calafate y la tensión del backstage antes de presentaciones masivas.
La directora Lucía Ruiz destacó la generosidad y confianza de la familia Epumer al entregar estas "cajas", un tesoro cuyo contenido no estaba totalmente definido al inicio. Ruiz relató que hubo un acuerdo mutuo para priorizar la obra y la capacidad artística de María Gabriela. El proceso culminó en una proyección privada para la familia y el equipo técnico, un momento descrito como conmovedor donde los seres queridos pudieron volver a escuchar y ver a la artista tal como era.
Por su parte, la codirectora, guionista y productora Andrea Testa describió el trabajo como un "proceso arqueológico". El desafío radicaba en sostener un pensamiento paralelo entre la visualización del material y la escritura de un guion que, en ocasiones, se volvía temático y en otras emergía a través de la energía de la cámara o las miradas de Epumer. Al no haber sido filmado con fines cinematográficos, el relato fue tejido lentamente a partir de los hallazgos en cada cinta.
En el filme, María Gabriela Epumer se consolida como una presencia fundamental del rock argentino. Uno de los pasajes más destacados es su vínculo con Charly García, con quien se la ve ensayando y tocando. Más allá de ser su coequiper musical, las imágenes la muestran como su principal aliada, capaz de sostenerlo en medio del caos. En un tramo del documental, se registra una interacción cómplice donde García le dice: “Nos vamos a casar pronto, la corrompí, rock al poder... te contrato como Secretaria de Corrupción”.
El recorrido audiovisual funciona como un rompecabezas afectivo y profesional. Se rescatan escenas de la trastienda de la mítica reunión por el 25° aniversario de la despedida de Sui Generis en los estudios Circo Beat en el año 2000, donde convive con figuras como Nito Mestre, León Gieco, Fabiana Cantilo, Pedro Aznar y Gustavo Cerati entre bromas y pruebas de sonido. Asimismo, el documental muestra su paso por Las Chicas, actuando como teloneras de Fito Páez en el Estadio de Vélez Sarsfield durante la presentación de “El amor después del amor”.
La faceta más reflexiva de Epumer emerge en entrevistas, como una charla en el programa "Argentina genial" conducido por el Gato Dumas en San Juan, donde manifestó su gusto por el silencio y la tranquilidad. También se explora su conexión ancestral en una secuencia emotiva durante la ceremonia de restitución de los restos del cacique Panguitruz Nürü / Mariano Rosas en Levucó, La Pampa, donde resuena su tema “Princesa Ranquel” y se recuerda su tatarabuelo cacique ranquel y sus raíces mapuches.
El material incluye presentaciones íntimas, como los acústicos en Tower Records interpretando versos de “Ahí va”, y zapadas junto a su formación solista compuesta por Christian Basso, Martín Millán y Fernando Kabusacki.
Tras seis años de trabajo, las realizadoras decidieron prescindir de entrevistas externas, concluyendo que el material registrado por la propia María Gabriela era más potente, claro y luminoso. Lucía Ruiz señaló que la artista había dejado todo nombrado y ordenado, revelando una intención consciente de contarse a sí misma. Finalmente, Andrea Testa explicó que el objetivo era construir una atmósfera de cercanía, buscando que el espectador sintiera a la protagonista mirándolo a los ojos. El cierre de la película está marcado por los versos de “Desierto corazón”, una bossa nova coescrita con Basso, que deja un legado de frescura e intimidad.






