¿Quién manda en la Iglesia católica si el Papa no puede gobernar? Tras el diagnóstico de cáncer de pulmón del papa León XIV, esta interrogante vuelve al centro del debate global. El pontífice de 71 años fue sometido a una operación de 90 minutos en el Hospital Gemelli de Roma para extirpar el lóbulo inferior del pulmón derecho. Aunque el Vaticano informó que pasó una noche tranquila, existe incertidumbre sobre sus viajes programados a Uruguay, Argentina y Perú.
Ante una incapacidad del pontífice, la administración de la Iglesia recae en la Curia Romana y, específicamente, en el Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin. Parolin actúa como una suerte de "primer ministro", supervisando los asuntos diplomáticos y administrativos. Sin embargo, su autoridad es limitada: no puede tomar decisiones exclusivas del Papa, como el nombramiento de obispos, la aprobación de canonizaciones o la emisión de mensajes oficiales a los fieles.
Aquí reside el problema central: el derecho canónico presenta un vacío legal. Mientras que para los obispos existen normas claras en el Canon 412 sobre la incapacidad, para el Papa no hay un protocolo definido. El Canon 335 menciona la posibilidad de que la Santa Sede esté "totalmente impedida", pero no define este término ni establece los pasos a seguir.
Históricamente, algunos pontífices han buscado soluciones. Pablo VI planteó la posibilidad de que los cardenales aceptaran su renuncia ante una enfermedad grave, y el papa Francisco confirmó en 2022 que dejó escrita una carta de renuncia para casos de incapacidad médica. No obstante, persiste la duda sobre cómo activar dicha renuncia si el Papa ya no puede manifestar su voluntad, pues la ley exige que la dimisión sea "libre y manifiesta". Aunque expertos sugirieron en 2021 que el Colegio de Cardenales asuma la gestión mediante comisiones médicas, el Vaticano aún no ha implementado un mecanismo formal.
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