¿Hasta dónde puede llegar la frialdad de un asesino para encubrir su crimen? La investigación por el femicidio de Agostina Vega, una adolescente de 14 años en Córdoba, revela una escalofriante serie de maniobras para eliminar evidencia digital.
A más de cuatro meses del hecho, peritajes informáticos lograron recuperar imágenes que el principal acusado, Claudio Barrelier, intentó borrar: fotografías de la joven maniatada y amordazada sobre una cama. La abogada del padre de la víctima fue tajante al afirmar que el acusado guardaba estas imágenes "a modo de trofeo".
Pero la manipulación fue sistemática. Mientras la madre de Agostina la buscaba desesperadamente, Barrelier le envió un mensaje intimidante, sugiriendo que si llamaba a la policía, podrían hacerle estudios por consumo de sustancias. Según el fiscal Raúl Garzón, el objetivo era asustar a la madre para demorar la intervención de las autoridades.
La reconstrucción fiscal también expuso cómo Barrelier ordenaba a otros residentes de la casa "pasar derecho" para que no advirtieran la presencia de la adolescente. Incluso su pareja, Marianela Palmero, admitió haber escuchado gritos de un hombre acompañados de insultos, pero no pidió ayuda ni llamó a la policía.
La acusación es devastadora: se sostiene que Barrelier abusó sexualmente de Agostina, la asesinó por estrangulamiento y posteriormente desmembró el cuerpo, ocultando los restos en un descampado de barrio Ampliación Ferreyra. Además, se halló la fotografía de otra mujer maniatada, cuya identidad aún se intenta establecer.
Junto al principal acusado, otras cinco personas han sido enviadas a juicio por encubrimiento agravado, incluyendo residentes de la vivienda y la expareja de Barrelier. Un caso que evidencia una red de silencio y una crueldad sistemática.
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