Tu plato de comida tiene una factura que nadie cobró. Imagina el saice humeante y el arroz en la mesa; pagaste el precio del mercado, pero en esa cuenta faltan renglones que ningún recibo registra: el bosque talado, el humo de las quemas y los impuestos no pagados.
Un estudio presentado en septiembre por TIERRA, CIPCA y la Fundación Jubileo, titulado “Costos ocultos de la agricultura”, pone números a este impacto. La investigación analizó 70 fincas en Ascensión de Guarayos, Santa Cruz, y San Andrés, Beni, zonas donde la frontera agrícola avanza rápidamente con el monocultivo mecanizado.
Los resultados son reveladores. En los monocultivos, cada dólar de producción genera entre 1,11 y 1,29 dólares de costos ocultos. Esto significa que los daños invisibles pesan más que lo producido. En contraste, los sistemas diversificados reducen este costo a 0,52 dólares.
A escala nacional, para 2024, se estiman 2.894 millones de dólares en costos ocultos para los monocultivos mecanizados, superando los 2.600 millones del valor de su producción. En palabras de TIERRA, esto representa una pérdida de unos 92 dólares por segundo durante un año. La mayor parte corresponde a daños ambientales, incluyendo 232 millones de dólares solo por el metano del ganado y la quema de rastrojos.
¿Quién paga esta cuenta? No es el restaurante ni el productor. Una parte la absorbe el Estado mediante subsidios al diésel e impuestos no cobrados; otra, las comunidades que respiran el humo y manipulan agroquímicos; y la mayor parte, un clima que no distingue fronteras.
Más allá de las cifras, el estudio nos deja una pregunta fundamental para la próxima comida: no solo cuánto cuesta lo que hay en el plato, sino quién está pagando el resto.
Siguenos en Noticias lat para más noticias.
