En el marco de la Cuarta Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, se produjo una intervención de alto voltaje diplomático con repercusiones directas en el Atlántico Sur. El embajador de Brasil ante la ONU, Sergio Danese, utilizó el micrófono para ratificar el «histórico respaldo» de su país a los reclamos de soberanía que la República Argentina mantiene sobre las Islas Malvinas.
En un discurso contundente, Danese definió la presencia del Reino Unido en el archipiélago como una «situación colonial especial y particular». El diplomático sostuvo que esta condición se arrastra desde hace casi dos siglos, siendo el resultado de una ocupación por la fuerza ejecutada en 1833. En este sentido, el representante brasileño rechazó el argumento central de Londres al asegurar que en este caso no se aplica el concepto de autodeterminación, debido a que la población actual de las islas fue introducida en secuencia a una ocupación ilegal a la luz del derecho internacional.
No obstante, el tramo más crudo de su exposición se centró en el análisis de por qué el reclamo histórico se estancó. Danese recordó que el proceso avanzaba correctamente bajo el paraguas de las Naciones Unidas hasta que, según sus palabras, «fue brutalmente paralizado en 1982» por el gobierno de facto argentino. El diplomático acusó a la cúpula castrense de intentar resolver la disputa por la fuerza con el objetivo de obtener resultados políticos internos. Finalmente, subrayó que, con el «triste martirio de valerosos jóvenes argentinos», la dictadura militar sacrificó la vía diplomática e hizo retroceder un proceso que ya estaba encaminado hacia una solución en el marco de la ONU.
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