“Terminaré de recoger tres nidos de huevos para enviártelos en la chiva”. Estas fueron algunas de las últimas palabras de Blanca Emery Pardo, una campesina de 72 años, antes de convertirse en víctima de una tragedia que conmociona a Colombia.
Blanca vivía en la vereda Plazuelas, en San Bernardo, Nariño. El 29 de agosto, mientras realizaba sus labores cotidianas en el campo, fue atacada. Horas más tarde, sus familiares la encontraron en un potrero: estaba desnuda, desorientada, con múltiples lesiones y grave hipotermia.
A pesar de los esfuerzos médicos en el Hospital San Pedro de Pasto, Blanca falleció el domingo 30 de agosto. Los reportes indican que fue víctima de una agresión sexual. Hoy, sus seis hijos exigen respuestas, pues denuncian que no hay sospechosos identificados ni avances claros en la investigación.
El caso de Doña Blanca refleja una realidad alarmante. Según Medicina Legal, entre enero y julio de 2026, se reportaron 397 homicidios de adultos mayores en el país. Las cifras muestran una tendencia preocupante: los homicidios de mujeres adultas mayores aumentaron un 25,93% en comparación con el mismo periodo de 2025.
Asimismo, los exámenes médico-legales por presunto abuso sexual en personas de la tercera edad crecieron un 31,43%, afectando predominantemente a las mujeres. El 78,26% de estas agresiones se concentran en el rango de 60 a 74 años, el mismo grupo etario al que pertenecía Blanca.
Mientras las estadísticas revelan una creciente vulnerabilidad de los adultos mayores, especialmente en entornos rurales donde el aislamiento dificulta la ayuda, la familia de Blanca Pardo sigue luchando para que el crimen no quede impune.
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