El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) ha emitido un comunicado oficial en el que confirma que se han cumplido todas las condiciones técnicas necesarias para declarar la presencia del fenómeno de El Niño en el territorio colombiano. Esta determinación es el resultado de un proceso de seguimiento riguroso y permanente realizado por la entidad sobre la temperatura superficial del mar en el océano Pacífico, así como la evolución de diversas variables atmosféricas asociadas a este evento climático.
Según la información suministrada por el IDEAM, la confirmación de este fenómeno responde a un comportamiento sostenido de condiciones cálidas en el océano Pacífico. De acuerdo con las mediciones más recientes, se registró una anomalía en la temperatura superficial del océano que alcanzó los +3.49°C, una cifra que rompió récords previos. Para llegar a esta conclusión, el instituto explicó que se cumplieron cinco trimestres móviles consecutivos, uno de los criterios técnicos fundamentales empleados para confirmar la existencia de El Niño.
Asimismo, la entidad señaló que se registró una condición atípica en el incremento sustancial del índice ONI (Oceanic Niño Index), el cual pasó de un valor de 0.5 en el primer trimestre de acoplamiento a 2.2 apenas cinco meses después. Estos factores técnicos han permitido al IDEAM establecer proyecciones precisas, indicando que existe una probabilidad del 83 % de que el fenómeno de El Niño mantenga una intensidad calificada como "fuerte a muy fuerte", condiciones que podrían persistir al menos hasta marzo de 2027.
En cuanto a la temporalidad, el IDEAM prevé que los efectos de El Niño se extiendan hasta finales del primer semestre del próximo año. No obstante, la entidad fue enfática al advertir que la presencia de este fenómeno no elimina la posibilidad de lluvias en el país. Se recordó que los meses de octubre y noviembre corresponden al desarrollo regular de la segunda temporada de lluvias anual. Sin embargo, debido a la influencia de El Niño, se espera que estas precipitaciones sean menores a los valores habituales. Las regiones que se verán más afectadas por esta reducción de lluvias serán la Andina, la Pacífica y la Caribe, mientras que diciembre se perfila como el mes con el menor déficit de precipitaciones.
Andrés Eduardo Herkrath, director del IDEAM, subrayó que este escenario climático exige que el país implemente una preparación integral. Según Herkrath, es imperativo enfrentar simultáneamente diversos riesgos, tales como la sequía, la escasez de recursos hídricos y la proliferación de incendios forestales, sin descuidar la posibilidad de que ocurran inundaciones y crecientes súbitas. El director advirtió que sería un error prepararse únicamente para la sequía e ignorar la posibilidad de deslizamientos o desbordamientos, recordando que el IDEAM ya venía alertando sobre estos posibles escenarios desde el mes de marzo.
Por su parte, David Tamayo Roldán, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), enfatizó la urgencia de actuar de manera inmediata. Roldán señaló que las prioridades actuales de la UNGRD son proteger el abastecimiento de agua, reducir la vulnerabilidad ante incendios forestales, proteger los medios de vida de la población y garantizar la continuidad de los servicios esenciales en todo el país.
Para operativizar estas acciones, la UNGRD informó que está liderando la construcción de una Hoja de Ruta de Acción Nacional y realizando un seguimiento estricto a los compromisos adquiridos por los diferentes sectores gubernamentales. En el caso específico de los incendios forestales, la UNGRD recordó que cuenta con un aplicativo especializado para identificar zonas con recurrencia de incendios, comparar registros históricos y evaluar las capacidades territoriales para atender emergencias. Esta herramienta tecnológica integra datos recopilados entre 2014 y 2026 provenientes de MapBiomas, Wildfire Solution de OroraTech y el sensor satelital VIIRS.
Finalmente, es importante recordar que El Niño es un fenómeno climático natural que se caracteriza por el calentamiento de las aguas superficiales en el Pacífico ecuatorial central y oriental. Este evento ocurre en ciclos de cada dos a siete años y suele tener una duración aproximada de entre nueve y doce meses.





