Durante el marco del Encuentro Nacional de Agrobusiness y Desarrollo Empresarial (ENADE), Carlos Arias, presidente del Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (CACIF), presentó un análisis crítico sobre la situación de seguridad en Guatemala. El dirigente empresarial enfatizó que la inseguridad no es solo un problema de orden público, sino que representa un lastre económico significativo, estimando que el costo de este fenómeno asciende aproximadamente al 7.7 % del Producto Interno Bruto (PIB) del país.
Ante este escenario de vulnerabilidad económica y social, el presidente del CACIF planteó formalmente cuatro exigencias fundamentales dirigidas al Estado guatemalteco. Estas propuestas buscan crear una estrategia integral para enfrentar el crimen organizado, detener el avance de las extorsiones y fortalecer la estructura de justicia en el país, advirtiendo que el impacto de las extorsiones ya es una realidad palpable y dañina para el sector empresarial.
La primera de estas exigencias se centra en la urgencia de mejorar la coordinación entre las diversas instituciones de seguridad y justicia. Arias señaló una debilidad estructural en la respuesta estatal: mientras que las organizaciones criminales operan de manera eficiente a través de redes interconectadas y coordinadas, las autoridades gubernamentales suelen mantener la información dispersa y fragmentada. Esta brecha operativa facilita la impunidad y dificulta la desarticulación de las bandas. En este sentido, el presidente del CACIF manifestó su respaldo al convenio de cooperación anunciado durante el ENADE y subrayó la necesidad imperativa de optimizar los procesos de investigación.
En segundo lugar, el CACIF puso el foco en el aspecto financiero que sostiene la operatividad del crimen organizado. Según Arias, las estructuras criminales continuarán operando y expandiéndose mientras sus actividades sigan generando ganancias económicas. Para cortar el flujo de recursos que alimenta la violencia, el sector empresarial exigió al Estado la reglamentación inmediata de la Ley contra el Lavado de Dinero, la cual ya ha sido aprobada por el Congreso. Asimismo, instó a que el país cumpla estrictamente con los estándares internacionales en materia de prevención y combate al blanqueo de capitales.
La tercera prioridad planteada se refiere a la crisis en el sistema penitenciario. Arias cuestionó duramente que las organizaciones criminales continúen utilizando los centros penitenciarios como centros de mando para organizar extorsiones. Para el CACIF, es fundamental que las autoridades recuperen el control total de las cárceles y logren impedir que los delitos se coordinen desde el interior de las prisiones. El dirigente destacó que esta falla en el control carcelario tiene consecuencias directas y devastadoras para sectores específicos de la economía, especialmente para los comerciantes y los transportistas, quienes son blancos frecuentes de estas redes de extorsión.
Finalmente, la cuarta exigencia se orienta al fortalecimiento del sistema de justicia. Carlos Arias pidió que se avance concretamente en la implementación de la carrera judicial y que se complete la transición hacia el expediente electrónico, herramienta clave para modernizar y agilizar los procesos legales. De cara al futuro financiero del Estado, el CACIF solicitó que la seguridad y la justicia sean prioridades centrales en la asignación del presupuesto para el año 2027.
No obstante, Arias dejó una advertencia clara respecto a la gestión de los fondos públicos. El presidente del CACIF señaló que el simple hecho de aumentar los recursos financieros destinados a estas áreas no garantiza la obtención de mejores resultados. Subrayó que la eficiencia de las instituciones depende de una administración adecuada y transparente, advirtiendo que el presupuesto por sí solo no soluciona la crisis si no hay una gestión institucional correcta.
Con este conjunto de demandas, el CACIF busca que el Estado guatemalteco adopte un enfoque más estratégico y coordinado, reconociendo que la estabilidad económica del país está intrínsecamente ligada a la capacidad del Gobierno para desmantelar las finanzas del crimen y devolver la seguridad a los sectores productivos.





