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Francisco "Patuco" López y la música como puente entre el teatro, la danza y el sonido global

El músico uruguayo lanzó "Cubo del sur", su tercer disco de estudio.

Francisco "Patuco" López y la música como puente entre el teatro, la danza y el sonido global

El músico uruguayo Francisco López, conocido en el ámbito artístico como "Patuco", ha desarrollado una trayectoria marcada por la versatilidad y la convicción de que el arte no debe habitar en compartimentos estancos. Para López, la música no es solo una disciplina aislada, sino un eje que se entrelaza con otras expresiones escénicas, permitiéndole transitar con fluidez entre la composición de sus propios álbumes y el trabajo creativo para obras de teatro y danza.

Esta visión interdisciplinaria tiene raíces profundas en su entorno familiar, donde las artes han sido una constante. La influencia de parientes dedicados a la actuación y el vínculo con colegas de la Escuela Multidisciplinaria de Arte (EMAD) —donde, aunque no cursó la carrera completa, realizó materias electivas— fueron determinantes para que comenzara a componer para el teatro. Según relata el artista, su entrada en este mundo se dio de manera orgánica, encadenando una invitación tras otra, lo que le permitió comprender la música como un arte escénico más. Para Patuco, nutrirse de otras ramas artísticas es la clave para alcanzar la excelencia en la propia; sostiene que un músico que comprende la actuación, o un actor que domina la música, potencia significativamente su capacidad expresiva.

A pesar de su éxito en la composición para terceros, López es claro al diferenciar sus pasiones de sus compromisos laborales. Si bien valora enormemente el aprendizaje y la estabilidad económica que le brindan los proyectos de teatro y danza, afirma que su mayor disfrute reside en componer su propia música y presentarse en el escenario. En sus inicios, aceptaba trabajos en el rubro escénico principalmente por el valor del aprendizaje, incluso cuando no había una remuneración significativa, pero actualmente aborda estas colaboraciones como una parte profesional y necesaria de su carrera.

La trayectoria de Patuco también ha estado marcada por el diálogo con grandes referentes de la escena nacional, habiendo colaborado con figuras como Sebastián Teysera, Fattoruso y Martín Ibarburu. Sin embargo, su perspectiva se expandió notablemente gracias a sus estudios en La Habana, Cuba. El artista destaca la impresionante cultura musical de la capital cubana, donde ritmos como la rumba y el son se manifiestan permanentemente en las calles y donde la formación musical de la población es notablemente alta.

Al contrastar esa experiencia con la realidad uruguaya, López observa un momento positivo en el que la música local está reconectando con sus raíces. No obstante, señala un desafío crítico para los artistas nacionales: la saturación de propuestas frente a la cantidad de público disponible. Menciona que, en espacios como la Sala Rondeau, la cantidad de conciertos simultáneos es tan elevada que se requiere un esfuerzo colectivo del público para que todos los artistas puedan sentirse acompañados, una situación que difiere de mercados más grandes, como el argentino, donde la masa crítica de personas es mayor.

En cuanto a su evolución sonora, su disco más reciente, "Cubo del sur" (2025), representa un salto cualitativo en términos de producción. A diferencia de sus trabajos anteriores, realizados mayormente en home studio, este álbum fue grabado en vivo junto a su banda, integrada por Juan Pablo Chapital en la guitarra, Chachi Bancheta en la batería y Nico Román en el bajo. La búsqueda de un sonido de banda cohesionado se complementó con la intervención de Mario Breuer, prestigioso ingeniero de sonido argentino, quien se encargó de la mezcla y masterización, otorgándole al disco un brillo y una sonoridad con proyección internacional.

López enfatiza que el sonido siempre debe estar subordinado al mensaje y a la canción; los arreglos y la instrumentación nacen de la sensibilidad hacia lo que se quiere comunicar. Esta filosofía se refleja también en su disco "Mario", donde exploró referencias cinematográficas y la crudeza del blues de los años 50. Inspirándose en la imagen de un blusero solitario en un programa de televisión suizo, Patuco buscó el despojo y la honestidad sonora.

Este proceso creativo en "Mario" surgió tras su paso por el grupo Salandrú, donde la dinámica democrática del conjunto lo llevó a buscar un espacio de creación individual. Junto a Nico Román en el contrabajo, López adoptó un enfoque lúdico, comparando el proceso artístico con el juego infantil, donde se establecen reglas hipotéticas —como imaginar que se está en una película western— para forzar la maquinaria creativa y permitir que emerja una identidad propia y auténtica, sin caer en la imitación.

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