¿Quién se esconde bajo los pasamontañas? Esta es la pregunta que obsesiona a Francia mientras el país enfrenta una ola de protestas en sus liceos. Tras una jornada intensa con miles de manifestantes, la tensión ha bajado ligeramente, pero el debate sobre la violencia sigue abierto.
El gobierno francés señala a grupos de "ultra-guerrilla" y al partido La Francia Insumisa como los principales agitadores detrás de los disturbios. Directores de centros educativos denuncian la presencia de jóvenes encapuchados ajenos a las instituciones que habrían provocado el incendio de 24 liceos, privando a 30,000 alumnos de sus clases.
Las cifras son alarmantes: se registran más de 6,600 detenciones desde el inicio del movimiento, de las cuales el 87% son menores de edad. Ante la gravedad de los hechos, y tras el dramático incidente en Lens donde un alumno de 15 años perdió la mano, el presidente Emmanuel Macron ordenó suspender el uso de granadas ensordecedoras contra los estudiantes. Como medida adicional, se han implementado "tiempos estudiantiles" para fomentar el diálogo entre alumnos, profesores y directivos.
Por su parte, La Francia Insumisa rechaza las acusaciones de manipulación y sostiene que la ira juvenil nace de problemas reales: aulas saturadas con hasta 35 alumnos, edificios en mal estado y la ansiedad generada por Parcoursup, la plataforma de acceso universitario.
El primer ministro ha reconocido que el malestar de los jóvenes no es gratuito y prometió presentar decisiones concretas a finales de octubre, tras una consulta nacional. Sin embargo, la calma es frágil y el país aguarda con incertidumbre una nueva jornada de movilizaciones este jueves.
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