¿En qué estamos prestando atención? Mientras las redes sociales se convierten en un espejo de discusiones inútiles y absurdas, existen realidades devastadoras que se deslizan sin resonar en la opinión pública. Es imperativo desplazar el espacio de lo banal hacia lo verdaderamente relevante.
Recientemente, la magistrada Wendy Martínez Mejía presentó estadísticas alarmantes sobre la incidencia del acoso en los entornos de trabajo: el acoso laboral alcanza un 46% y el acoso sexual un 26%. Esta situación se enmarca en una sociedad machista, donde todavía existen hombres que confunden el acoso con el cortejo y lo consideran un derecho. Esta distorsión conduce a abusos graves impulsados por apetencias carnales, donde la edad de la víctima deja de ser un límite.
La tragedia de Josnely Álvarez, cuya muerte fue hallada a orillas del río Yaque del Norte tras un presunto abuso, nos remite a una crisis persistente y dolorosa. Las estadísticas son brutales: desde el año 2019 hasta mayo de 2025, se contabilizaron 16,614 denuncias de abuso sexual contra menores de edad.
Para dimensionar la gravedad de estos datos, hablamos de un promedio de 50 denuncias semanales, lo que significa que se registra un caso cada tres horas y media. Es momento de dejar de lado el ruido de las redes y el derecho al ridículo para enfrentar estas cifras que definen una crisis profunda de protección y seguridad en el país.
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