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Talento Senior: El desafío de reconstruir la identidad profesional tras un despido

Gustavo dos Santos describe una etapa marcada por incertidumbre, fragilidad y dudas sobre el valor de la experiencia acumulada, y propone hábitos concretos para recuperar la autonomía y la confianza

Talento Senior: El desafío de reconstruir la identidad profesional tras un despido

El impacto de un despido o una salida laboral trasciende significativamente el plano económico, convirtiéndose en un proceso complejo de reconstrucción de la identidad profesional. Según explica Gustavo dos Santos, especialista en empleabilidad y autor del libro "El talento no tiene edad", este proceso es particularmente crítico para aquellos profesionales que superan los 50 años, quienes pueden enfrentar un periodo de aislamiento, ansiedad y parálisis frente al mercado laboral si no cuentan con el acompañamiento adecuado.

Para dos Santos, quien es licenciado en administración de empresas y asesor en procesos de desarrollo de carrera y transformación digital, la reinserción del talento senior no debe entenderse como un intento de recuperar la ocupación anterior ni como la continuación de una trayectoria lineal. Por el contrario, el especialista plantea que estos profesionales deben orientarse hacia espacios nuevos, describiéndolos como "nuevos casilleros" que, en muchos casos, se encuentran en blanco y sin consignas preestablecidas.

La salida de una empresa es descrita por el experto como una pérdida que altera profundamente los vínculos familiares, sociales y laborales. Dos Santos enfatiza la importancia de transitar un duelo necesario por la pérdida de la "antigua normalidad", reconociendo que aquel estado previo ya no volverá. Esta transición suele desencadenar interrogantes fundamentales sobre la propia capacidad y el sentido de la trayectoria profesional, llevándolos a preguntarse quiénes son, si podrán insertarse nuevamente en el mercado y si siguen siendo empleables en otros entornos.

El especialista advierte que existe un vacío en la discusión sobre lo que él denomina la "travesía de la pérdida" o la "orfandad" posterior a una salida laboral. A través de su práctica profesional, ha acompañado a cientos de personas que describen este momento como una experiencia única y especial, subrayando que la pérdida de la fuente de empleo tiene un impacto directo tanto en la salud de las personas como en su capacidad de proyección, especialmente cuando no se dispone de un proyecto inmediato o un ámbito de pertenencia.

En este contexto, dos Santos señala que las compañías y sus líderes poseen responsabilidades que van más allá de la simple comunicación de la decisión de despido. El proceso de salida debería integrar conversaciones sanas, un seguimiento posterior y una revisión de los vínculos remanentes. Este punto es crítico para los profesionales de más de 55 años, quienes no solo enfrentan la ruptura con una carrera consolidada y la pérdida de la protección de la estructura corporativa, sino que también deben lidiar con sesgos vinculados a la edad al buscar nuevas oportunidades.

Desde una perspectiva psicológica, el experto identifica tres distorsiones frecuentes que surgen tras la pérdida del empleo: la abstracción selectiva, que enfoca la atención únicamente en los aspectos negativos; la sobregeneralización, que instala la creencia de que un fracaso se repetirá siempre; y la personalización, mediante la cual el individuo se atribuye la responsabilidad total de hechos donde su participación pudo ser limitada. Este estado emocional puede generar una oscilación entre un "yo valiente" y un "yo sin control", dejando a la persona atrapada en el temor al rechazo y en la mirada ajena.

Ante este escenario, dos Santos sostiene que pedir ayuda es vital para evitar que la angustia condicione las decisiones. Asimismo, establece una distinción fundamental entre la aceptación y el conformismo: mientras que aceptar implica reconocer lo ocurrido para actuar sobre las posibilidades disponibles, el conformismo mantiene al individuo anclado al pasado y posterga la búsqueda de alternativas.

Para superar esta etapa, el especialista propone reorganizar la rutina mediante hábitos que fortalezcan la autonomía, la confianza y la toma de decisiones. Esto implica revisar creencias limitantes, controlar el pesimismo y ampliar la visibilidad fuera del círculo habitual. La clave de la reconversión reside en transitar de una agenda corporativa a una agenda propia, construyendo un plan de acción planificado y centrado en un proyecto.

Esta nueva etapa requiere la creación de una narrativa profesional que ordene los hitos de la carrera, las experiencias diferenciadoras y los desafíos futuros, reinterpretando la interrupción laboral como parte de una evolución profesional. Dos Santos advierte que este proceso se ve dificultado por la hiperconectividad y la exigencia de resultados inmediatos, factores que incrementan el estrés y el agotamiento.

Citando al filósofo Edgar Morin, quien afirma que "el futuro ya no es lo que era", dos Santos cuestiona los modelos lineales de desarrollo profesional en un mundo marcado por la incertidumbre. Finalmente, destaca que la autoestima, definida como una experiencia íntima y no dependiente del juicio externo, es fundamental para atravesar esta transición. El profesional maduro debe, por tanto, renovar sus relatos personales y capitalizar sus recorridos para construir un nuevo proyecto, basándose en la premisa de que cada persona es la narrativa que construye y vive.

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