¿Puede el estreno del jugador más esperado terminar en una pesadilla? Argentina pasó años buscando al sucesor de Diego Maradona. Tras el retiro del mítico número 10 en 1994, nombres como Ariel Ortega y Pablo Aimar intentaron adueñarse de la camiseta, pero ninguno logró representar todo lo que ese número significaba para el país.
Para 2006, mientras Juan Román Riquelme se consolidaba como el líder futbolístico, surgía un joven talento desde la cantera del FC Barcelona: Lionel Messi. El 17 de agosto de 2005, en Budapest, Messi vivió su primer partido con la selección mayor en un encuentro amistoso contra Hungría. El rosarino, de apenas 17 años, ingresó al campo en el minuto 61 con la misión de demostrar que sus habilidades eran reales.
Sin embargo, el sueño duró solo cuatro minutos. Al intentar avanzar hacia el arco rival, Messi fue tomado por detrás y, en su intento por separarse, lanzó un manotazo leve al rostro del defensor húngaro. El resultado fue inmediato: el árbitro mostró la tarjeta roja, dejando a todos sorprendidos.
El joven talento abandonó la cancha sollozante, consolado por figuras como Hernán Crespo, “Lucho” González, el entrenador José Néstor Pékerman y Lionel Scaloni, quien años más tarde sería el arquitecto que mejor entendería y rodearía al número 10.
No fue el comienzo esperado para quien estaba llamado a ser el elegido. Pero el tiempo pasó y llegaron los goles, las caídas y, finalmente, los títulos que comprobaron que su huella era profunda. Para Lionel Messi, el inicio de la historia no fue lo determinante, sino el final, escrito con tinta de gloria y firma de leyenda.
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