¿Es moda o una nueva forma de consumir música? En la Ciudad de México, el vinilo vive un crecimiento notable, convirtiéndose en un refugio analógico para las nuevas generaciones.
Mientras el streaming domina la industria, la compra de reproductores de acetato y ediciones físicas ha aumentado. Vendedores como Manuel señalan que desde 2023 los jóvenes han impulsado este hobby gracias a la nostalgia. En establecimientos como Roma Records, la demanda refleja un contraste marcado: el disco más vendido es el de Juan Gabriel en Bellas Artes, seguido por El Madrileño de C. Tangana.
Para el público joven, el atractivo va más allá del sonido; la dimensión estética y el material gráfico exclusivo son incentivos clave. Según el vendedor Mario, existe un cansancio generacional ante la falta de propiedad en el entorno digital, afirmando que sentir que la música es tuya es una experiencia que el streaming no puede ofrecer.
Este fenómeno es tan fuerte que la reciente Gran Feria de Vinilos, prevista en la Glorieta de los Insurgentes, tuvo que ser suspendida imprevistamente por problemas de logística y sobrecupo, con una convocatoria estimada de hasta 6,000 personas diarias. Esto desplazó a los coleccionistas hacia tiendas independientes de zonas como la colonia Roma.
Usuarios como París Padilla e Ignacio Andrés describen esta afición como una forma de escapar de las plataformas digitales y recuperar la tradición de escuchar música con tranquilidad al llegar a casa. Incluso jóvenes de 20 años, como Ángel, integran producciones históricas de la música hispanoamericana, incluyendo tributos a José José, en sus colecciones.
Así, el vinilo se reafirma en la capital mexicana como una alternativa duradera y un acto de preservación patrimonial frente a la hegemonía del consumo digital.
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