Brasil ha cerrado sus centros electorales para la primera vuelta de las elecciones presidenciales, un proceso que pone frente a frente a dos candidatos con visiones opuestas para el futuro de la nación: el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva y el senador conservador Flávio Bolsonaro.
Lula, de 80 años, aspira a un cuarto mandato no consecutivo. En su cierre de campaña, pidió defender la democracia contra la “barbarie” y el “negacionismo”, términos con los que describe la postura de su rival. El candidato ha hecho de la soberanía su bandera electoral, advirtiendo sobre la influencia del presidente estadounidense, Donald Trump, quien extiende su área de acción en la región a través de gobiernos de derecha en países como Argentina, Chile y Colombia.
En la acera opuesta se encuentra Flávio Bolsonaro, de 45 años, quien busca seguir la senda de su padre, el expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro. Aunque el senador se define como más moderado que su progenitor, ha centrado su propuesta en la promesa de “rescatar” a Brasil, enfocándose especialmente en combatir la inseguridad rampante. Al ejercer su voto en Rio de Janeiro, Flávio Bolsonaro manifestó que el país no puede soportar más sufrimiento ni impuestos elevados.
El sistema de urnas electrónicas permitirá que el conteo de votos sea rápido. No obstante, la última encuesta del instituto Datafolha prevé que ninguno de los candidatos alcanzará la mitad más uno de los votos requeridos para obtener la victoria este domingo. En ese caso, la decisión final se trasladaría a una segunda vuelta electoral, programada para el próximo 25 de octubre.
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