Ni siquiera una lluvia torrencial detuvo a los apasionados del diseño en Buenos Aires. El festival Open House volvió a abrir las puertas de edificios y espacios emblemáticos de la ciudad, convocando a multitudes dispuestas a enfrentar el mal clima, los paraguas y los pisos mojados por conocer lugares que habitualmente permanecen cerrados al público.
Entre los puntos destacados se encuentra el PH Juana Azurduy, donde la restauración priorizó la calidad espacial, la reorganización de circulaciones y el uso del color como protagonista. A pocos metros, en el PH Juana, la intervención se centró en la habitabilidad, unificando tres ambientes originales para favorecer la luz natural y la ventilación cruzada.
Otro ejemplo de optimización es la Casa Mendoza. En esta obra de mediados de los años 70, los arquitectos conservaron la estructura original de hormigón armado, pero eliminaron pasillos y circulaciones innecesarias para aprovechar el cien por ciento de los metros cuadrados, transformando las llegadas de las escaleras en espacios comunes o semiprivados.
Finalmente, el edificio Prometeo captó la atención de jóvenes y profesionales. El arquitecto Marco Caviglia explicó que el proyecto propone una inversión conceptual: todo el terreno natural que el edificio ocupa en planta baja aparece ahora sobre la azotea mediante una gran terraza jardín con huerta, compost y paneles solares, rescatando además el patio lateral típico de la casa chorizo porteña.
Más allá de la construcción, el valor de Open House reside en permitir que los visitantes comprendan cómo fueron pensados estos espacios, escuchando a quienes los proyectaron y entendiendo que cada edificio es mucho más que su forma exterior.
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