¿Sabías que siete de cada diez trabajadores en el Perú laboran en la informalidad? Estamos hablando de 12 millones de personas que carecen de beneficios básicos como vacaciones, gratificaciones o la compensación por tiempo de servicios.
La situación llega a su punto más crítico en cuatro regiones: Cajamarca, Puno, Apurímac y Amazonas, donde nueve de cada diez trabajadores son informales. Según la economista Paola Herrera del IPE, esto se debe principalmente a una agricultura tradicional con baja productividad. De hecho, un trabajador formal produce, en promedio, seis veces más que uno informal.
Se trata de un círculo vicioso: las brechas educativas, la falta de infraestructura y la carencia de servicios básicos limitan el acceso a empleos de calidad. En el campo, el problema es doble; los altos costos de fertilizantes y diésel, sumados a la falta de riego y malas carreteras, hacen que producir sea caro y poco rentable, permitiendo que los intermediarios ganen más que el propio productor.
Ante este escenario, la responsabilidad recae en los gobiernos regionales y locales. Estas autoridades administran más del 60% del presupuesto público regional y deben orientar los recursos hacia obras prioritarias como agua, desagüe, electricidad e internet. Además, tienen el reto de ejecutar el saneamiento físico legal y la titulación de tierras, tareas que el Gobierno Nacional ya les ha transferido.
Con las elecciones regionales del 4 de octubre acercándose, el desafío para los próximos gobernadores y alcaldes será cerrar las brechas de infraestructura y mejorar el entorno de negocios. Solo así la formalidad dejará de ser un ideal y se convertirá en una posibilidad real para los trabajadores peruanos.
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