¿Es la vitamina C un escudo real contra el resfriado? Muchos corren a buscar naranjas al primer estornudo, una costumbre impulsada en 1970 por el premio Nobel Linus Pauling, quien popularizó la idea de que las megadosis prevenían el catarro. Sin embargo, la ciencia actual cuenta una historia distinta.
La vitamina C es un nutriente esencial para el sistema inmunitario y la formación de colágeno, pero tomar dosis excesivas no impide que un virus nos infecte. El resfriado es causado por virus, principalmente rinovirus, y ninguna vitamina sustituye la exposición al patógeno.
De hecho, una revisión de Cochrane que analizó a más de 11 mil participantes concluyó que la suplementación regular no reduce la incidencia de resfriados en la población general. Existe una excepción: personas sometidas a esfuerzo físico extremo, como maratonistas o soldados en condiciones subárticas, sí mostraron una reducción en los contagios.
Para el resto, el beneficio es modesto. Quienes toman vitamina C de forma regular pueden reducir la duración del resfriado entre un 8 % en adultos y un 14 % en niños. Pero atención: tomar el suplemento una vez que ya tienes síntomas no ha demostrado beneficios consistentes.
Además, más no es mejor. Las necesidades diarias se miden en miligramos, no en gramos. Las dosis muy altas pueden provocar náuseas, diarrea y riesgos para personas con enfermedad renal o hemocromatosis.
Si quieres reducir el riesgo real, la ciencia recomienda medidas más sencillas: lavarse las manos frecuentemente, ventilar los espacios cerrados, dormir lo suficiente y mantener una alimentación variada con pimientos, kiwis o brócoli. La vitamina C es fundamental para la salud, pero no es un amuleto mágico contra el invierno.
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