Chile ha logrado un posicionamiento destacado en el escenario global del turismo, según los resultados más recientes del Índice de Desarrollo de Viajes y Turismo 2026. El informe, publicado por el Foro Económico Mundial, sitúa al país en el puesto 35 de un total de 110 economías evaluadas, lo que representa un resultado sumamente positivo para la industria nacional.
En el contexto regional, Chile se ha consolidado como el segundo país con mayor desarrollo turístico en América Latina. Esta posición coloca a la nación por delante de otras economías que poseen una trayectoria ampliamente reconocida en el sector, tales como México, Argentina y Costa Rica, quedando únicamente superado por Brasil en la clasificación latinoamericana.
Sin embargo, el análisis de este ranking sugiere que el valor real de la noticia no reside únicamente en la cifra o la posición en la lista. El Índice de Desarrollo de Viajes y Turismo no se limita a medir variables cuantitativas, como la cantidad de visitantes que ingresan al país o el volumen de gasto efectuado por los turistas. Por el contrario, este indicador pone el foco en las condiciones estructurales que permiten que la actividad turística pueda sostenerse y prosperar a largo plazo.
Bajo esta premisa, queda en evidencia que un incremento en el flujo de turistas no se traduce automáticamente en un mayor desarrollo turístico sostenible. El verdadero reto para Chile consiste en gestionar el crecimiento de esta actividad de manera que se generen oportunidades reales para los territorios, se fortalezca la situación de quienes trabajan en el sector y, simultáneamente, se preserve aquello que hace del país un destino atractivo para el mundo.
Para alcanzar un crecimiento equilibrado, el país requiere de una estrategia basada en la planificación y la implementación de una infraestructura adecuada. Asimismo, resulta fundamental la preparación frente a los desafíos que impone el cambio climático y el establecimiento de una relación respetuosa con las comunidades locales. Otro punto crítico es asegurar que los beneficios económicos y sociales derivados del turismo lleguen de manera más equitativa a las personas que sostienen la actividad directamente en los territorios.
Chile posee un activo estratégico de valor excepcional: una biodiversidad extraordinaria y paisajes que están profundamente ligados a la identidad nacional. La protección de estos ecosistemas y el cuidado de las personas que habitan estas zonas no es solo una medida ambiental, sino que constituye la base para asegurar el futuro del turismo. El deterioro del patrimonio natural implicaría la pérdida de un componente esencial de la experiencia que los visitantes buscan al conocer el país.
En este marco, la relación con el territorio es donde el factor humano adquiere un valor fundamental. El personal que trabaja en el área del turismo desempeña un rol que trasciende la simple prestación de un servicio; estos trabajadores son parte integral de la experiencia turística. En muchos casos, representan el primer contacto del visitante con el destino y actúan como mediadores que cuentan la historia de un lugar, explican la fragilidad de un ecosistema, transmiten los valores de una comunidad o enseñan a observar el entorno desde una perspectiva diferente.
Debido a esta importancia, el sector demanda profesionales que no solo posean conocimientos técnicos, sino que también desarrollen competencias transversales como la empatía, la capacidad de escucha, la comunicación efectiva y una verdadera vocación. Es imperativo contar con personas que conozcan profundamente el territorio donde se desempeñan y que sean capaces de transmitir ese conocimiento con respeto y sentido.
En última instancia, una experiencia turística de alta calidad suele originarse en un elemento sencillo pero poderoso: la capacidad de alguien que valora profundamente su entorno para lograr que el visitante también aprenda a valorarlo.
Si bien el puesto alcanzado por Chile en el índice del Foro Económico Mundial es motivo de satisfacción, no debe considerarse como una meta cumplida. Este resultado debe servir como un impulso para continuar fortaleciendo los destinos, potenciando la formación de capacidades humanas y protegiendo los elementos únicos que definen la identidad del país.





