El destino ha dispuesto un escenario particular para los aficionados al fútbol europeo. Zinedine Zidane, en su estreno como seleccionador nacional de Francia, se enfrentará precisamente a la selección de Italia, el mismo equipo contra el que disputó el último partido de su carrera como futbolista profesional. Este enfrentamiento evoca los recuerdos de aquella final del Mundial de 2006 celebrada en Berlín, donde el astro francés dejó una huella imborrable antes de retirarse.
En la actualidad, la nueva etapa de Zidane al frente de los galos ha comenzado con paso firme. El impacto de su llegada se ha materializado en dos victorias consecutivas conseguidas fuera de casa, específicamente en Turquía y Bélgica. Este inicio exitoso coloca a Francia como líder del Grupo A con un pleno de seis puntos. A pesar de no haber desplegado una imagen de asombro, el equipo dirigido por el exentrenador del Real Madrid ha sabido ser efectivo.
El camino hacia el liderazgo comenzó con un triunfo por 0-1 en Turquía, donde el gol decisivo fue obra de Kylian Mbappé, aunque la acción conllevó la lesión del goleador. Posteriormente, Francia repitió el marcador exacto de 0-1 en el estadio Rey Balduino contra Bélgica. En este segundo encuentro, la responsabilidad y el liderazgo diferencial recayeron sobre Michael Olise, quien anotó el tanto que aseguró los tres puntos. Estos seis puntos sirven como el primer aval para el proyecto de Zidane, cuyo estilo de juego presenta diversos matices que se irán desarrollando en los próximos meses.
Este cambio de mando marca el fin de un ciclo extenso en el banquillo francés. Zinedine Zidane sucede a Didier Deschamps, quien estuvo al frente de la selección durante 14 años. Deschamps, capitán de la generación del 98, fue quien llevó a Francia a salir de una travesía en el desierto que comenzó tras el Mundial de 2006, logrando el éxito en Rusia 2018. Aquel torneo de 2006 fue la última oportunidad para los referentes de finales de los noventa, donde brillaron figuras como Henry, Trezeguet y Zidane, y donde comenzó a florecer el talento de Ribery.
Por el otro lado, Italia llega a este duelo bajo la dirección de Roberto Mancini en su segunda etapa al frente de la Azurra. Mancini, quien ya levantó la Eurocopa en 2021, no ha generado un impacto tan inmediato como el de Zidane, aunque el optimismo prevalece en el conjunto italiano. En sus dos primeros encuentros, Italia ha sumado tres puntos de seis posibles. El equipo mostró una imagen muy positiva en su victoria ante Turquía por 1-4, pero sufrió un revés en el primer choque contra Bélgica, perdiendo 0-2. Estos resultados dejan a los italianos empatados con los "diablos rojos" en la tabla clasificatoria.
La historia reciente favorece ampliamente a los galos. Francia e Italia no se enfrentaban desde hace casi dos años, concretamente en la Nations League. En aquella ocasión, Francia dominó ambos encuentros: el partido en suelo francés terminó 3-1 y el duelo de ida también finalizó con una victoria gala por 1-3. De hecho, Italia no consigue vencer a Francia desde el año 2012, acumulando ya cinco encuentros consecutivos sin obtener la victoria ante este rival.
Para arbitrar este duelo en la cumbre, la UEFA ha designado a un equipo arbitral compuesto íntegramente por profesionales españoles. El encuentro estará dirigido por el internacional extremeño Jesús Gil Manzano, quien contará con el apoyo de Guadalupe Porras y Raúl Cabañero como asistentes en las bandas. El cuerpo arbitral se completa con el valenciano Juan Martínez Munuera como cuarto árbitro, mientras que el madrileño Valentín Pizarro asumirá las funciones de VAR, acompañado por Guillermo Cuadra Fernández como AVAR.
El partido no solo representa un choque de estrategias actuales, sino que recupera la memoria visual de 2006: el gol a Buffon al estilo Panenka y la polémica imagen de Zidane abandonando el campo tras el cabezazo a Materazzi. Ahora, el fútbol espera que, bajo la guía de Zizou, Francia inicie una nueva era gloriosa.






