¿Es posible descansar sin sentir culpa? Para muchos, la respuesta es no. En un mundo obsesionado con la eficiencia, detenerse se percibe a menudo como un error o, peor aún, como holgazanería.
El periodista Nelson López Rojas reflexiona sobre esta presión tras una experiencia personal. En pleno Día de la Independencia, mientras los mensajes de trabajo seguían llegando a su teléfono, decidió escalar el volcán Chaparrastique. Su objetivo era claro: caminar hasta el cansancio y, sobre todo, perder la señal móvil. Durante doce horas, el silencio digital le permitió concentrarse en el presente, lejos de las exigencias laborales.
López Rojas analiza cómo hemos interiorizado la idea de que el tiempo siempre debe producir algo. Desde anécdotas infantiles sobre hamacas vistas como pérdida de tiempo, hasta la filosofía del "go, go, go" estadounidense, la sociedad empuja al individuo a ser más eficiente, saludable y exitoso, sin pausa.
Incluso el ocio ha sido colonizado por la productividad. El autor advierte que ya no caminamos solo por placer, sino para cumplir metas de pasos en un reloj inteligente; no dormimos por descanso, sino para trabajar mejor al día siguiente.
Apoyándose en el filósofo Frédéric Gros, el texto plantea que caminar es una forma de cambiar nuestra relación con el tiempo y abandonar la obsesión por llegar. La conclusión es contundente: saber cuándo decir "basta" no es una apología de la pereza, sino una necesidad para recuperar fuerzas y cuestionar el sentido de nuestras rutinas.
La vida también ocurre en los pequeños momentos: en un café, en una siesta o en el simple acto de no hacer nada. Porque descansar y reflexionar sobre el camino también es una forma de avanzar.
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